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Primus circumdedisti me

de Alfonso Lorenzo

El próximo 10 de agosto de 2019 se cumplirán 500 años desde que una expedición originalmente al mando del prestigioso navegante portugués Magallanes iniciara el primer viaje diplomático y comercial, que no de conquista, promovido por la Corona de Castilla.

A pesar de los esfuerzos que actualmente hacen los portugueses por focalizar la atención en Magallanes y atribuirse, de rebote, el mérito de la expedición, hay que recalcar que esta fue una hazaña eminentemente española, financiada entre la corona y comerciantes particulares en su mayoría con casa asentada en Sevilla, con logística y conocimientos científicos españoles. Magallanes había roto hacía tiempo con la corona de Portugal, por causas económicas, para ponerse al servicio de la corona de Castilla. El rey de Portugal mandaría un barco para detener la expedición y casi lo logra al detener temporalmente lo que quedaba de la misma, al mando de Elcano, a la altura de las Molucas.

Esta fue una hazaña titánica, no solo por los medios que se emplearon, sino porque en aquel tiempo el espacio oceánico entre Sanlúcar de Barrameda y las islas Molucas era totalmente desconocido. En ese tiempo también la navegación era eminentemente de cabotaje (costera) y el solo pensamiento de recorrer esa distancia era terrorífico.

Si para el intrépido Magallanes la expedición suponía una experiencia personal para la corona era una misión exclusivamente comercial y diplomática. A esto hay que añadir otras 265 historias de las gentes que componían las tripulaciones; cada una con su carga individual; sus distintos caracteres y sus diversas motivaciones. No obstante, y por orden de la corona, cada aspirante a expedicionario debía completar un cuestionario explicando sus motivaciones, guardándose la corona el derecho al rechazar al aspirante, tal era el cuidado con el que se preparó la expedición.

Después de 3 años menos 14 días, de todos estos hombres volverían 18 con la nao Victoria al mando del vascongado Juan Sebastián de Elcano. Estos hombres serían sometidos a su vuelta a una instrucción judicial en la que darían cuenta de sus acciones. No era cosa baladí: el motivo comercial principal era la búsqueda del clavo y la canela y, si tenemos en cuenta que por entonces un kilo de clavo valía cinco veces lo que un kilo de oro, la cosa no era para tomarla a broma.

La expedición fue preparada concienzudamente. El cuerpo legal estaba basado en Las Siete Partidas (o simplemente Partidas) que era un cuerpo normativo redactado en la Corona de Castilla durante el reinado de Alfonso X (1252-1284) con el objetivo de conseguir una cierta uniformidad jurídica del Reino. En ella se establecía, entre otras muchas cosas, lo que ahora llamamos el cuerpo de infantería de marina y las penas por actos de indisciplina y otros delitos. En n esta expedición se contó con un cuerpo de infantes que ya entonces eran profesionales, no marineros, de infantería embarcada con experiencia y entrenamiento. En cuanto a las penas podían variar entre el cepo, el abandono o el desmembramiento en caso de pena de muerte. No obstante parece que en la marina española se evitaban los castigos corporales a fin de no mermar las capacidades de las tripulaciones.

La corona también estableció una serie de normas entre las que cabe destacar el carácter eminentemente comercial y diplomático de la expedición, el respeto del Tratado de Tordesillas con Portugal y la manera de conducirse con los naturales de las tierras que descubrieran. Es interesante decir que el rey pidió que todo aquel que deseara escribir sobre la aventura lo hiciera libremente y, así, tuvo mucho éxito la documentación aportada sobre las costumbres sexuales de los nativos que despertaron gran interés y que no dio lugar a actividad represiva por parte de la Iglesia.

La tripulación se compuso mayoritariamente de españoles, italianos y flamencos con ingleses, franceses y alemanes en menor cantidad. En cuanto a cartografía y, en general conocimientos de la ciencia náutica, se utilizaron en gran parte la musulmano-española y los recogidos en la escuela de Sagres  (Portugal) También fue importante la aportación de la escuela mallorquina. Hacía 2.000 años que se conocía que la tierra era redonda, pero no, con exactitud, su circunferencia. Esta expedición despejaría muchas dudas.

También se puso especial cuidado en la selección de los buques, bastimentos, del material y tecnología a utilizar. Cabe destacar: Selección de los buques y maderas a utilizar. La vela latina (de origen índico) y su disposición más adecuada; el timón de codaste; bastimentos, vituallas y objetos para comerciar que cambiaban por canela y clavo, imaginamos que con grandes risas por parte de los nativos, pues para ellos el clavo y la canela no tenían gran utilidad frente a la evidente de un espejo, telas o un cuchillo de acero, instrumentos como la aguja de marear (de origen chino), el astrolabio, la corredera, sondas, armamento ligero, cañones… No se conocía la forma de medir la latitud, logro a partir de la aparición del reloj de Harrison.

Fueron circo los buques utilizados en la expedición (Trinidad, San Antonio, Concepción, Victoria y Santiago) que no estuvo exenta de conflictos: el primero en Cabo Verde sin mayores consecuencias. En San Julián se amotinan 4 capitanes (Juan de Cartagena, Gaspar de Quesada, Antonio de Coca y Luis de Mendoza) que consideraban fracasada la expedición, lo que provocó la condena a muerte de 44 marineros, finalmente perdonados, pero se aplicó pena de abandono a Juan de Cartagena, capitán de la nao San Antonio y al clérigo Pedro Sánchez de la Reina y fueron ejecutados Quesada y Mendoza. Citemos el descubrimiento del estrecho de Magallanes y la pérdida del navío Santiago, la navegación durante tres meses y medio por el terrorífico y supuestamente inexistente océano Pacífico, donde los expedicionarios se vieron obligados a comer cuero. Con la llegada a la isla de Guam (o de los Ladrones) la situación se alivió en buena parte. Tras el descubrimiento de las Islas Filipinas, Magallanes moriría en la batalla de Mactan intentando ayudar a un jefe indígena con el que había establecido alianza.

A los sucesivos sucesores de Magallanes no les acompañó el éxito y hasta el nombramiento de Juan Sebastián Elcano, a la sazón capitán de la Victoria, la expedición no mejoró su accidentado derrotero. Esta concluyó en Sanlúcar de Barrameda el 6 de septiembre de 1522.

Además de los resultados diplomáticos y comerciales (la Victoria regresó cargada de clavo), reiteramos sus grandes logros: descubrimiento del estrecho de Magallanes y del océano Pacifico, de las Islas Filipinas y anexas, cartografiadas por primera vez, islas del Indico; ajustes en el calendario; descubrimiento del origen del mal del escorbuto; hallazgos en botánica, zoología, medicina…

La noticia del regreso de la Victoria dio la vuelta al mundo y supuso un gran prestigio para España y la corona. Durante 400 años el Pacifico fue denominado el Lago Español y, en tal periodo de tiempo, solo naves españolas lo cruzarían. El descubrimiento de la corriente de Urdaneta por Andrés de Urdaneta (Ordicia 1508, México 1568) propició la creación del eje comercial Sevilla-Veracruz-Acapulco-Manila, pues el estrecho de Magallanes no se consideró explotable comercialmente.

Hasta la efectuada por la Fragata Numancia en el siglo XIX, no se volvería a hacer una segunda circunnavegación al globo.

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