Colaboraciones externas

Donde la pasión es nostalgia

Inmaculada Gálvez González

Siempre dije que la poesía eran notas que deambulaban por las galerías de mi mente. Remotas, un día salieron de una extraña inocencia, el día que me atreví a sacarlas. El motivo fue, quizás, recuperar esas horas muertas de mi soledad y las ofrecí por una situación. Por aquel entonces colaboraba con un poeta con muchísimos seguidores en las redes sociales que me dio la oportunidad de escoger títulos y poemas para sus libros, mientras afinaba mis ideas. Se las mostré y me dijo que, si algún día me dedicaba a esto, sería la única persona por la que sentiría envidia.


Llego el momento, la hora de hacer la incursión por un desierto que estaba aún desmantelado. Hice un bosque con mis impresiones. Poco a poco fue llenándose de gente, de decir revelado, entre silencio, con la mejor arma, (las metáforas). Hallé palabras en libertad narrando con resistencia mi verdadera versión en un clima mágico. 


Para mi primer libro escogí la naturaleza, levantar imágenes que amaran con corrientes a chorro el suelo, el mar, las nubes, lluvias…con ese aire cálido que acampó en muros con el amor.

Seguí explorando con otros sentidos, nuevas mercancías para el lector sin dejar ese lado romántico. 


Llegó un segundo libro, Medusa, tanteé persona con fantasía invadida por la mitología, permutar amor sin tiranía en una historia. Perseo y Medusa, un cuento que debía acabar en poemas. 


Con la siguiente experiencia colisionó en mí el sexo; erotismo. Tenía ganas de cambiar de manera elegante, con palabras restringidas; quizás por mi timidez. Mi canalla, personaje que se desborda a oscuras, terco que mata con palabras, y de ese amor apasionado, hondo, me deslicé hacia el que sería mi último libro publicado, Hoy los olivos duermen, donde la pasión se viste de nostalgia y cada poema es una extraña y excitante turbación con misteriosa pulsión. Una época donde los ojos no se desviaron y, aunque estaba todo oscuro, sentía su ser.


Hoy los olivos duermen, es un libro que esparció semillas que arraigaron en un tiempo imaginario. 


Cuesta intentar plasmar con claridad y transparencia el sueño de una mirada perdida, el sueño que quedó para mí en algas arrestado, como el amor que empapa los huesos de mis frases y no como recaída de mis apetencias, en realidad lo soñé siempre. 

Cuesta dar vida, querer interpretar mis sentimientos, acariciar aquel caparazón que segregó el impulso de estos dedos en un papel como puente entre uno y otro.


Melancolía que filtra el amor en unos ojos, en un paisaje donde Hoy los olivos duermen.

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