Colaboraciones externas

Camino de la Plata y Sanabres

de Alfonso Lorenzo

Dia 0: 13 de mayo

Pretendo hacer El Camino uniendo La Vía de la Plata con El Camino Sanabrés. Son 990 kms en los que espero que la Fuerza me acompañe, entusiasmo y ganas no me faltan. Viajo sólo pues creo que El Camino es, también, un viaje interior; además la soledad te predispone a la comunicación con otras personas que de otra manera pasarían de largo.

Comienzo en Sevilla; está ciudad es tan hermosa y tan cargada de arte e historia que ni nosotros, la innumerable tropa de turistas, somos capaces de enturbiar.

Nada puedo decir de Sevilla que no se haya dicho ya, pero en el interior de la Catedral me sentí absolutamente abrumado por tanta magnificencia. De entre todas las maravillas de la catedral gótica más grande de Europa, el retablo del altar mayor me atrapó irremediablemente: allí se ofrecían a la vista, con un detalle asombroso, altorrelieves de la vida de la Virgen y de Cristo. Hasta un descreído como yo se siente abrumado con tanta belleza. Cuando uno contempla estas obras del genio humano, pirámides incluidas, uno se pregunta que Fuerza hace que los seres humanos hagan cosas así. ¿Es tan fuerte el miedo a desaparecer de la memoria de los hombres que tenemos que dejar huellas inmensas de nuestro paso por la tierra?

Por ahora yo me conformo en hacer este camino cuyo primer y seguro capítulo dedico a mis hijos Pablo y Julia y a quien ella sabe.

DE SEVILLA A GUILLENA Y A CASTILBLANCO DE LOS ARROYOS

Día 14: inicio mi andadura desde la catedral de Sevilla. El recorrido por el centro histórico y Triana será el único paisaje amable de la jornada. Los arrabales son como los de cualquier otra ciudad: feos y sucios, con autopistas que se cruzan entre si a distintos niveles dejándote el alma encogida cuando constatas lo pequeño que eres entre tanto monstruo de acero y hormigón.

Camino sólo, no hay peregrinos a la vista ni por delante ni por detrás.

Llegó a Santiponce con la esperanza de visitar las ruinas de Itálica, en vano pues parece que están cerradas al público por el rodaje de Juego de Tronos.

Estaba avisado: a la salida de Santiponce una recta como trazada a cordel, de unos 9 kms. me llevará hasta Guillena meta de mi primera etapa. Estas rectas son una maldición: la ausencia de accidentes hace que parezca que no avanzas y un horizonte escurridizo se te presenta como meta inalcanzable. En estos casos lo mejor es no contar los pasos, centrarse en uno mismo y poner un pie delante de otro. Pero por fin veo las primeras casas. No obstante, me espera una pequeña sorpresa.

Cerca de Guillena hay que vadear un ancho arroyo sin puente, así que me he quitado botas, calcetines y remangado pantalones y me he adentrado en el fangoso elemento temeroso de pisar algún elemento filoso o que alguna culebra, sapo o rana me diera un desproporcionado y humillante susto. El fango, suave y viscoso, se introducía entre mis dedos churreteando a la salida y formando nubes marrones en la superficie del agua que yo miraba entre asqueado y divertido. Como no hay mal que por bien no venga, el suceso ha servido para refrescar mis heroicos pies que han agradecido, inconscientes, el inesperado baño.

Por fin he llegado al albergue: ducha, refrigerio y catre. Han sido 24 kms. Aparecen los primeros peregrinos que van llegando tras de mí.

Día 15: en el albergue de Guillena he conocido a un Irunés, típico guipuzcoano sesentón que parece tallado en madera de tejo: dura y flexible. Buena gente. Le he ayudado con mis remedios pues venía con los pies perjudicados y parece que ha mejorado bastante. Es parlanchín y me ha propuesto hacer el camino juntos y no me he negado, aunque mi preferencia es hacerlo sólo. Cuando el camino se hace duro, suelo repetir una cancioncilla cualquiera, a modo de mantra, que me permite poner la cabeza en blanco y sobrellevar el esfuerzo. Suelen ser canciones que aprendí de jovencito en la OJE y que cantábamos orgullosos en nuestra correrías por el monte con la seguridad de que más pronto que tarde nuestra ferviente juventud alumbraría una España mejor. Mire usted que cosas. Me siguen gustando esas canciones y recuerdo con cariño el compañerismo y los buenos ratos pasados con mis "camaradas" por la sierra de Madrid.

Hemos salido temprano, a las 07.15. A la salida de Guillena cruzamos el feo y descuidado cauce del río Rivera de Huelva, pero luego nos adentramos en una cuidada zona de cultivos donde los campos de cereal se alternan con manchas de olivos y frutales. El aire es fresco y ancho el horizonte, el sol todavía no pega y caminamos ligero. Yo dejo que mi compañero hable esperando que mi silencio sea lo suficientemente elocuente.

De los cultivos pasamos al bosque mediterráneo: chaparros, jaras, encinas. Aquí nos detenemos a descansar y a secar calcetines, tarea obligada si queremos conservar la piel de los pies. Nueva lección que le doy a mi buen compañero. En el descanso se nos acopla un andaluz más parlanchín todavía que nos acompañará hasta nuestra meta. Mi desaliento va en aumento, no paran de hablar así que me voy retrasando y consigo hacer los últimos 5 km sólo, pero, por error, pierdo el camino y los hago por carretera sin casi arcén y con un tráfico endiablado.

Finalmente he llegado a las 12 a Castiblanco. Le etapa no es larga, pero es una larga subida, suave pero constante. El albergue municipal es estupendo. El hospitalero es un valenciano majísimo que se ha marcado una paella buenísima. Todo gratis total (la voluntad) Ducha, lavado de ropa, comida y catre. Mañana será otro día.


 

DE CASTILBLANCO DE LOS ARROYOS A ALMADÉN DE LA PLATA Y REAL DE LA JARA

Día 16: salgo del albergue de Castilblanco acompañado de los cantos lejanos de los gallos. Es un pueblo blanco en su mayoría de nueva arquitectura que ha respetado la local con lo que su inclusión con el casco antiguo es armoniosa.

Todavía es de noche. Cojo la calle Antonio Machado que no es más que la carretera que cruza el pueblo; está iluminada con farolas fernandinas, bonito efecto; me dirijo al bar Mancilla ¡abierto desde las 04.00! donde me sirve el desayuno, canturreando coplillas, Elena, una joven alegre que, sola, atiende la barra como si tuviera más brazos que la diosa Kali.

Por sugerencia del hospitalero, algunos peregrinos hemos contratado un taxi para recorrer los primeros 15 kms que lo son por una carretera sin arcén y muy transitada, peligrosa al decir de otros peregrinos a los que leo en internet. El resto del camino a Almadén, hasta completar los 30 kms, discurren por el Parque Natural de la Sierra Norte o de El Berrocal. Esta es una enorme extensión de dehesa y bosque mediterráneo poblada por alcornoques, encinas, pino piñonero; matorrales como la jara, el romero, la aulaga que perfuman el aire a nuestro paso; manchas de monte con brezo, madroño...El conjunto es de una impresionante belleza que me detengo a contemplar a cada paso y hace que me pierda de mis compañeros de taxi. El final de la etapa nos despide con la subida al Alto del Calvario desde el que observamos por la ladera sur el inmenso e inabarcable bosque mediterráneo y por la ladera norte, y en su parte baja, el blanco caserío de Almadén de la Plata, meta de esta tercera etapa.

Entro en Almadén de la Plata, las calles huelen a azahar pues se adornan con naranjos que ahora comienzan a estar en flor. El efecto es increíble.

Día 17: salimos de Almadén, ya desayunados, a las 07.15 y digo salimos porque ya se ha consolidado el típico grupo de peregrinos que se forma compartiendo camino y albergue. No hay gente joven, todos hemos alcanzado ya la edad de jubilación. Mi amigo vasco, además de parlanchín, es muy sociable el hombre y me tiene informado puntualmente de todos los chismes de los demás peregrinos además de alguno de los de los pueblos por los que pasamos, así he podido saber que: la chica canadiense se acaba de hacer el camino francés y ahora se está haciendo el de la Plata, se detendrá en Zafra donde se casa un compatriota suyo con una chica de allí (¡Que cosas!); el albergue municipal de Almadén lo ha quemado un pirómano local que sólo quema propiedades municipales; el otro vasco que viaja con su mujer también lo hace con su cuñada, las dos son dos loros que no hacen más que darle órdenes al hombre y no respetan el descanso de los demás de cotorras que son y así...

Seguimos atravesando el Parque Natural de la Sierra Norte que, como ya he adelantado, es una extensión de bosque mediterráneo de unas 178.000 ha. Hoy nos hemos encontrado con muchos animales domésticos pues el Parque está en explotación (cabras, caballos, cerdo ibérico...) y alguno silvestre (jabalíes, ciervos, conejos...) Esta parte del parque, en permanente repoblación, está dominada por las encinas y evoluciona desde la forma de dehesa a la de bosque como el resto del parque. Parece que las dehesas se formaron en tiempos de los romanos los cuales aclararon los bosques para anticipar la vista de cualquier amenaza militar. Parece que la palabra Dehesa proviene del latín defendere o así.

Después de un importante repecho coronamos el alto de la Colada de los Bonales desde la que divisamos el blanco, bonito y limpio pueblo de Real de la Jara; aquí nos alojamos en el hostal Molina, bonita casa tipo palacete con un fresco y florido patio trasero. El pueblo está protegido por un castillo bien reconstruido cuya edificación no ha sido todavía atribuida. Desde éste se divisa gran parte del parque y la inmediata frontera con Badajoz (municipio de Monesterio) donde otro castillo, en ruinas, avisa de lo complicada que debió de ser en su día está frontera. Han sido 17 kms.


 

DE REAL DE LA JARA A MONESTERIO Y FUENTE DE CANTOS

Día 18: hoy he procurado retrasar la salida con la idea de hacer la etapa en solitario y lo he conseguido ¡al fin solo!

Aún era de noche cuando dejaba atrás las últimas casas de Real. A los pocos metros me despedía de Andalucía y entraba en tierras extremeñas. Me esperaban 12 km de dehesa y bosque mediterráneo similares a los que dejaba atrás. A mi derecha las ruinas de un castillo; una pista bien cuidada me adentra en el paisaje; el aire está en calma, es fresco y húmedo; a lo lejos el cielo está cubierto por nubes de tormenta y avisan de la inminente lluvia; detrás de mí, empieza a anunciarse el Sol proyectando sobre el campo rayos de luz dorada; el verde amarillea; las sombras se alargan y frente a mi aparece el arco iris; la luz enrojece el borde de las nubes y parece como que quiere empujarlas; de pronto el paisaje se abre inmenso y un valle de cuento irrumpe ante mi vista; escucho los primeros truenos y su bramido enorme y majestuoso recorre el valle en toda su extensión; me siento pequeño y emocionado; es un glorioso amanecer.

Durante 12 km recorro un valle bien cuidado repartido en fincas donde pacen los animales y donde el cerdo ibérico tiene su señorío, el pasto les llega hasta el vientre; las vacas y las ovejas se atiborran; veo los mastines, indiferentes a mi paso, cuidar de los rebaños; innumerables arroyos y regatos cruzan el camino. Nunca como antes he comprobado que el agua es vida y el chaparrón que me cae encima es recibido con resignación y casi con complicidad pues es bienvenido.

10 km antes de llegar a mi destino me encuentro con la Nacional N630 que me acompañará en paralelo hasta Monesterio. El lugar es un cruce de carreteras con naves industriales y gasolinera. Es un sitio degradado y lleno de basuras y escombros. Me detengo a descansar y reponer fuerzas en un pequeño merendero próximo pues hasta ahora no he encontrado un lugar adecuado para hacerlo.

El terreno a continuación hasta Monesterio es monte bajo con dehesa y manchas de bosque mediterráneo. La presencia continuada y ruidosa de la N630 consigue romper el encanto de los kilómetros anteriores, pero no su recuerdo de luz, aromas, sonidos, colores...

Llego al hostal a eso de las 13.00 donde me encuentro con mis amigos. Han sido 22 kms.

Dia 19: lo he hecho de nuevo, viajo sólo. A la salida de Monesterio tomo el camino que no está tan cuidado como el que me ha traído hasta aquí: en su mayor parte está a un nivel más bajo que el terreno circundante lo que propicia el desgaste del piso, encharcamientos y barro. Los romanos lo hacían mejor, ahí lo dejo.

En los primeros 4 km iré acompañado por el Arroyo de la Dehesa que culebrea en paralelo. Su cauce es ancho y las orillas verdes. El paisaje sigue siendo dehesa y bosque ¡No puedo creer que lleve cuatro días inmerso en este tipo de ecosistema! A los lados del camino el terreno se lo reparten las fincas y cotos sociales de caza. Cuatro kilómetros después de mi salida la pista gira hacia el sur y abandona la compañía del arroyo. Sigo en la dehesa, pero 8 kms antes de Fuente de Cantos el espacio se abre hasta donde alcanza la vista. El terreno es suave y ondulado cubierto de terrenos de pasto y labranza. He podido observar cómo dos perros pastores llevaron solos a un rebaño de corderos desde el abrevadero hasta una pradera cercana; al pastor no lo vi por ningún lado. En el horizonte veo ya Fuente de Cantos.

Me alojo en el llamado Albergue Turístico que es un antiguo convento franciscano reconvertido por la Junta de Extremadura y cedido posteriormente al ayuntamiento de Fuentes. Es confortable, con todos los servicios, muy recomendable. Por ahora los albergues municipales, en este camino, los he encontrado mejores que en el Camino Francés. Estoy aprendiendo mucho de cómo llevar y equiparse para una singladura como es recorrer casi 1000 km con la casa a cuestas. Hoy han sido 22 kms.


 

DE FUENTE DE CANTOS A ZAFRA Y A VILLAFRANCA DE LOS BARROS.

Día 20: salimos de Fuente aún de noche e inmediatamente tomamos la pista que no está, ni mucho menos, tan bien cuidada como era de esperar. Cada vez me cruzo con más peregrinos, muchos ciclistas. Al decir de los lugareños cada vez hay más. El entorno lo forman praderas y tierras de labor: cereales y vid. También hay algunas granjas dispersas de cerdo ibérico en cría intensiva de recebo. Su olor las delata desde muy lejos.

Cruzo un arroyo por un frágil puente de tablones que fotografío. Continúo, oigo ruidos, me vuelvo y ahí está Marie la canadiense a la que saludo y que me responde diciendo que tengo una bonita sonrisa. No es mi tipo y ella lleva buen paso, me quedo retrasado. Sigo. Empieza a llover y empieza a dolerme la espalda y cada vez más; empiezo a preocuparme pues no hay donde descansar y la lluvia arrecia. Sigo caminando, en un dolor, y a lo lejos veo el único punto de descanso (cubierta y mesa con bancos) que he visto en todo el camino, allí me encuentro con Marie la canadiense: ¡Hola! ¿qué tal? Hablamos. Le comento lo de mi espalda y ni corta ni perezosa y con un ademán determinado me dice que me va a dar un masaje, yo le agradezco, contadísimo, y rechazo el ofrecimiento esgrimiendo ridículas excusas, entonces ella dice algo y hace un gesto que se podría traducir así: ¡déjate de gilipolleces! El caso es que me dejó nuevo. Seguimos caminando juntos.

En Puebla de Sancho Pérez paramos un buen rato en la plaza mayor. Entramos en un bar donde ella se apretó una ración de calamares que estaban riquísimos (yo me hice con un montadito de lo mismo) Conversamos, me cuenta como le gusta el país y sobre todo la gente, su cordialidad; me habló de su afición por los Caminos de Santiago; me habló de su matrimonio a los 17 años cuando, en contra de su familia, se fue con el hombre que amaba y con el que sigue; me habló de sus cuatro nietos (ella tiene 50 años) y entonces vi a la persona por encima de mi estúpido ego y vi su mirada sincera, sentí su hablar calmo, su ademán tranquilo y sus ganas de vivir y de comunicarse y, una vez más, me alegré de haber aprendido otra lección en el Camino, está vez de una mujer canadiense que de otra manera no hubiera conocido, y supe otra vez por qué diablos me pego estas pechadas, por qué hago el camino.

Hay primeras comuniones en la parroquial del pueblo y los vecinos visten sus mejores galas. La gente de por aquí tiene cara de buenas personas; lo pueblos son limpios y ordenados; no se ve pobreza; los campos están cuidados; todos saludan cuando nos ven y tienen un trato muy amable. Una joven pareja nos aborda, muy elegantes ellos, ella es (ha sido) peregrina, charlan con nosotros, nos dicen que el camino en el norte de Extremadura es aún más espectacular.

Cuatro kilómetros después llegamos a Zafra, han sido 25 esta vez. Nos alojamos en el mismo albergue, al salir de la ducha me encuentro con Marie que ni corta ni perezosa me dió otro masaje al que no me pude negar dada la mirada de autoridad que me lanzó. Le quise corresponder y le regale uno de los cordones que llevo desde hace tiempo en la muñeca recuerdos de mis viajes.

Día 21: Juan y yo nos despedimos de Marie pues para ella es el final del Camino, por ahora; le di un abrazo con ganas y no sé si supe transmitir con él mi agradecimiento, respeto y afecto. Juan y yo seguimos nuestro Camino que no nos ha ofrecido grandes variaciones de paisaje con el día anterior. Han sido 22 kms.

En el albergue coincidimos con un belga que allí donde llega se compra una botella de vino local y se la trasiega enterita. Esta vez nos ha invitado a un vaso, es un vino joven denominación Ribera del Guadiana que no nos ha parecido nada mal. Al final le estoy cogiendo cariño a este Juan y su compañía se me hace más llevadera.


 

DE VILLAFRANCA DE LOS BARROS A TORREMEJÍA, A MÉRIDA Y A ALJUCÉN

Dia 22: hoy nos hemos despertado a las 05.30 por cortesía de un habitual del camino que cuando le pedí que bajara la voz y ruidos me dijo que ya era hora y que aquí ya se sabe a lo que se viene. Ahí lo dejé, está claro que no se puede razonar con un tipo que se viste con ajustadas camisetas de tirantes y calza enorme tripa, tetas y 68 tacos. No es peregrino todo lo que anda.

El camino de hoy era una recta de 29 kms que transcurría por una pista transitable sobre el mismo camino romano como así lo certifican los mojones con azulejo azul y amarillo, está pista tiene cubierta el substrato romano con una capa nueva de tierra y piedra apisonadas. Los azulejos solo-azules indican calzada romana pura y los amarillos pista transitable. El entorno era de viñedos muy cuidados que se extendían hasta el horizonte con alguna mancha de olivar. Cuando ya llevábamos unos 18 km pasamos por una zona que sin duda había soportado una avalancha de agua muy reciente pues el camino y viñedos circundantes, en una gran extensión, aparecían arrasados. En un punto determinado vimos un socavón de unos dos metros de diámetro y ¡oh sorpresa! el agujero nos permitió ver las distintas capas que conforman las calzadas romanas, me emocioné. Los romanos excavaban una zanja de sección rectangular de unos 6 mts de ancho por medio de profundidad con el objeto de retirar todo el manto vegetal; a continuación, lo rellenaban con dos capas o tres de pedruscos; sobre lo anterior ponían una capa mezcla de gruesos cantos rodados y tierra mineral; por fin todo se cubría con una gran capa de una mezcla de tierra calcárea y canto rodado más pequeño; todo se prensaba con vertiente hacia ambos lados para asegurar el drenaje. Los laterales se protegían con sendas hileras de piedra y cada milla romana (mil pasos) se indicaba con un miliario, piedra circular en la que se grababan las millas recorridas y el nombre del patrocinador u otro. En contra de lo que se piensa, las calzadas interurbanas no iban empedradas, sino como he dicho. Algunas se empedraron en época medieval. Donde sí estaban empedradas era en la proximidad a las ciudades pues estas calzadas soportaban más tránsito rodado. A menudo no se disponía de los materiales citados en las proximidades de la obra y los romanos los hacían traer de donde fuera. Podemos imaginar el esfuerzo de logística que esto suponía, desde luego nada les arredraba ¡están locos estos romanos!

Dia 23: el camino a Mérida desmerece mucho del destino: la pista está en muy mal estado, incluso con barrizales que llegaron a cargar nuestras botas de barro. Viñedos, olorosas granjas de cerdos y polígonos industriales nos acompañan hasta el impresionante puente romano que atraviesa el Guadiana por el que accedemos a Mérida. Después de asearnos y comer no podía faltar una visita a la ciudad. Mérida cuenta con un bonito parque fluvial a las orillas del río donde felizmente se hallaba situado nuestro albergue instalado en el edificio de un antiguo molino. Han sido 17 kms.

Día 24: ya empiezan las bajas en el grupo habitual: Marie que se quedó en Zafra; "el catalán", uno de los tres aguerridos montañeros, con la espalda hecha polvo (las aventuras de los tres por las cumbres del mundo nos llenaban de asombro en las suarés que se organizan por la tarde); "la chica" con los pies tal cual y "el otro vasco", marido de una de "las dos loros", con el estómago perjudicado. Salimos de Mérida, recorriendo parte del parque fluvial, por el puente romano que cruza el arroyo Albarregas paralelo a los impresionantes restos del acueducto. Seguimos hasta el pantano romano de Proserpina que estuvo dando servicio hasta el siglo XIX (creo) ahora estupenda zona de recreo y deportiva. Seguimos: Dehesa y bosque mediterráneo. Llegamos a una granja de cerdos y el porquero nos informa que estamos a punto de llegar a El Carrascalejo, el pueblo más pequeño de Extremadura pero que cuenta con una iglesia de siglos XVI y XV: la de la Consolación. Al decir porquero me refiero a un señor educado, perfectamente equipado para su oficio, con un hablar culto y trato amable, nada que ver con lo que nos sugiere la palabra "porquero" y así ha sido siempre en el encuentro con esta gente campesina: jóvenes y mayores, educados y amables, trabajadores de los de sol a sol; que viven en pueblos blancos, limpios y bien urbanizados donde no se ve pobreza por ningún lado. Y así llegamos a Aljucén, mi amigo Juan ("el vasco") se ha marcado una tortilla de patatas estupenda para cenar. Han sido 20 km.


 

DE ALJUCÉN A ALCUEZCAR Y A VALDESALOR.

Dia 25: Hemos salido de Aljucén a eso de las 06.45 de la mañana, o sea: tardísimo. El grupo habitual se ha disgregado, los montañeros y el de Zaragoza (el de las camisetas fashion) salieron de Mérida y llegaron directamente a Alcuezcar con lo que ya nos aventajan en una jornada. Lo de los montañeros lo entiendo por qué son jóvenes, lo del Zaragoza con su edad y sobrepeso, no lo entiendo y mira que me jode. Ya no habrá más suarés aventura, pero así es El Camino.

A la salida de Aljucén hemos entrado en el Parque Natural de Cornalvo y Sierra Bermeja. En él, hemos caminado durante un buen trecho directamente sobre la calzada romana que siempre impresiona al pensar en el tiempo y en la gente que han pasado por esas mismas piedras.

Nos cruzamos con los restos del puente de Trajano del que sólo quedan los sillares de los cimientos de los pies de los arcos que lo soportaban. Cruzaba el río Aljucen, según el dibujo de reconstrucción ideal que lo explica, era un bonito puente de cinco ojos; los romanos no escatimaban esfuerzos para facilitar las comunicaciones y fue útil durante siglos pero en el XIX fue saqueado al ser utilizado como cantera.

Vimos volar sobre nosotros la solicitada, esquiva y coqueta cigüeña negra que tiene en este parque especial protección.

Hemos llegado a Alcuescar, el pueblo no es bonito. Nos alojamos en el albergue de los Esclavos de María en Alcuescar llamado de La Misericordia, se ocupan de ancianos y discapacitados físicos y mentales, lo cual es, sin duda, de admirar. En concordancia con la obsesión de los católicos por el sexo, hay una rígida separación entre dormitorios y baños de hombres y mujeres. ¡que majos! van con sotana y una elegante banda azul en la cintura. Son todos muy jóvenes con algún mayor al mando. Me pregunto que van a hacer cuando descubran que existe el movimiento LGTBI (al que más pronto que tarde se le seguirán añadiendo letras hasta hacerlo incomprensible) supongo que no sabrán como separar los distintos dormitorios y baños según las distintas tendencias sexuales. Bueno, en los albergues laicos lo tienen resuelto hace tiempo: todos juntos y revueltos.

Pero lo que me ha encandilado de este albergue es la hospitalera. Es una señora mayor, de edad indefinida, original de Seatle (USA) pequeña, suave, encogida y tímida, pelo blanco y cortísimo, con una sonrisa amable y temblona que inmediatamente llamó mi atención. Una vez acomodado, duchado y comido no dudé en sentarme a su lado con la intención de saber más de ella. Su respuesta a mi interés fue inmediata y sin reservas. Supo del Camino por un amigo de Seatle y tal debió de ser la elocuencia del tipo que no dudó en probar la experiencia en el Camino Francés. Hablamos en una mezcla de español, francés e inglés aunque ella se decanta por el español. Se llama Débora y es judía y ante mi sibilina pregunta sobre la contradicción de creencias, obtuve la respuesta esperada pues, como yo, considera que el Camino trasciende a las religiones y a los países pues es un camino interior. Y ahí, la magia de El Camino: el encuentro de dos personas que NO están separadas por la distancia, creencias, lengua y costumbres, sino que disfrutan compartiendo esas diferencias en un Camino que no pertenece a nadie y que cada uno va construyendo a su manera. Débora se enamoró del Camino y de lo que para ella significa. Su trabajo de hospitalera voluntaria es una forma de entrega a los demás, una forma de devolver parte de lo que el Camino le ha dado y dárselo a personas anónimas (en este ponía cierto énfasis) En las anteriores palabras, he tratado de resumir una más larga conversación. Ella tiene un hablar quedo; sonríe al escuchar, pero esquiva la mirada. Sin duda, cada persona tiene un mundo en su cabeza.

El Camino supone, inevitablemente, una salida de nuestra zona de confort, ahora estoy tumbado en una litera de una sala llena de ellas, sin ninguna intimidad y sin embargo estoy bien. Han sido 22 km.

Día 26: salimos del albergue a las 06.30 sin desayunar. Seguimos y después de pasar el arroyo de Aceite el paisaje se vuelve dehesa otra vez. Al llegar al pueblo de Casas de don Antonio, donde al parecer existió un santuario romano, y a 26 millas romanas de Mérida, entramos en la Cuerda pecuaria de Mérida, cañada para el paso de ganado de un ancho como de 35 metros que nos llevará a nuestro destino: Valdesalor, pueblo que fue de colonización en época franquista. La via pecuaria aloja la calzada romana de la Vía de la Plata, pero el trazado es irreconocible aunque tres milliarios y un pequeño puente romano sobre el arroyo de Santiago certifican su existencia. Hay que decir que en nuestro caminar cruzamos innumerables arroyos. Valdesalor es un bonito pueblo blanco, salpicado de naranjos y agradables parques. Desde casi todas sus calles se ven la Dehesa y las praderas que lo rodean. Un lugar apacible de gente cordial y laboriosa. En el bar El Rincón de Julia encontramos una inesperada oferta gastronómica: la paella, la sopa castellana y las croquetas insuperables y la presentación de los platos no digamos. Han sido 27 kms.


 

DE VALDESALOR A CASAR DE CACERES Y CAÑAVERAL

Día 27: son las 05.30 de la mañana; cuál si de una batuta se tratara, suena quedo la música de un despertador. Se oyen los primeros suspiros perezosos que son respondidos inmediatamente por gruñidos broncos y alguna tos contenida. Silencio. Ahora, los suspiros del principio son contestados por resoplidos resignados, siguen las toses contenidas. Entran los metales pues el movimiento de los cuerpos hace crujir los somieres ¡ñiga, ñiga! y las articulaciones de las estructuras de las literas. Se oyen ya los agudos cri, cri de los plásticos que envuelven los distintos enseres. El dormitorio se mantiene a estas alturas aún a oscuras por lo que el cri, cri va in crescendo ante la dificultad de encontrar el bien deseado. Suenan las primeras maderas pues las puertas del dormitorio, que una vez abiertas son dejadas a su ser, se cierran estrepitosamente por mor de los resortes de cierre ¡pumba pumba!. Se oyen, más lejos, las puertas de los baños y el correr del agua; perdido el miedo a lo que la oscuridad impone, aparecen los primeros cuchicheos. Por fin, alguien se percata de que hay quórum para encender las luces y estas son encendidas dando lugar a la apoteosis pues los aún acostados, que no dormidos, inician su melodía de suspiros, toses, gruñidos, ñiga ñiga, cri cri y pumba pumba. Los primeros peregrinos se van y el tuto forte da paso al dolce y por fin al silencio. Buenos días y buen camino.

La jornada transcurre a lo largo de la via pecuaria continuación de la del día anterior. Atravesamos Cáceres y llegamos a Casar de Cáceres donde las famosas Tortas. El bonito pueblo nos recibe con una larga alameda que nos consuela con su sombra. Una vez acomodados descubrimos el bar Majuca donde me apreté un solomillo de cerdo con su salsa de cebolla, regado con queso del Casar y patatas panaderas que se me saltaban las lágrimas de alegría. Han sido 23 km.

Día 28: seguimos por la misma vía pecuaria. El primer tercio del camino transcurre por la calzada romana esta vez perfectamente diferenciada y cubierta por un nuevo firme de tierra y graba. Vemos algunos milliarios. El segundo tercio lo es por carretera atravesando el pantano de Alcántara II en el río Tajo. Son 10 km de tortura pues en el asfalto los pies se achicharran. Pero lo del último tercio ya fue la puntilla: calzada romana muy deteriorada con las piedras sobresaliendo perdida la capa de tierra que las aglomeraba y la hacía transitable; lo que un día fue un piso perfectamente adaptado a la marcha ahora es una tortura. Esta ha sido sin duda la peor etapa, acabé con un tremendo dolor de pies. Ahora, eso sí: me he metido para el cuerpo un guiso de patatas con costillas de ibérico... Han sido 33 kms.


 

DE CAÑAVERAL A GALISTEO Y CARCABOSO

Día 29: Seguimos por la vía pecuaria; sobre la otrora orgullosa calzada romana hoy más bien descalza; el paisaje es espectacular. He llegado a Galisteo a orillas del rio Jerte cerca de la desembocadura del Alagón pues estamos en la cuenca del rio Tajo. Galisteo cuenta con una increíble, cuidada y completa muralla almohade del siglo XIII y un soberbio puente sobre el Jerte del siglo XVI (que todos en el pueblo llaman el romano) además de iglesia mudéjar. Después de acomodarme me di una vuelta; crucé la muralla por la Puerta Real y subí al adarve por una escalera de vértigo, muy inclinada, con escalones de casi medio metro de alto y muy estrecha. Afortunadamente por el lado opuesto a la muralla el paredón de una casa me protegía del vacío. Me di un paseo estupendo por el dicho adarve. Desde allí se divisa todo el valle del rio Alagón pues la ciudad se sitúa encima de un alto cerro. Cuando me tocó bajar me encontré con unas escaleras del mismo pelo que las anteriores, pero sin protección por el lado exterior. Empecé el descenso agarrándome hasta con los dientes a todo saliente. Cuando pensé en seguir bajando de culo, unos mozalbetes que se encontraban de charla en la calle decidieron, mire usted, mirar hacia arriba y como uno tiene su orgullo no tuve más remedio que bajar las escaleras cual Escarlata O’hara en casa de su papá un día de fiesta: despacito, muy digno y dejándome ver. Salí de la muralla y en el paseo de ronda exterior me encontré con un señor mayor con el que pegué la hebra y al que comenté lo de las escaleras; me contó una graciosa anécdota: hace ya unos años, en las fiestas del pueblo, una vaquilla se subió al adarve y por allí se estuvo paseando ante la hilaridad general; cuando intentó bajar se ve que se acojonó pues bajar no es lo mismo que subir. Así que allí se quedó la vaquilla un buen rato. Ante la imposibilidad de encontrar una solución al asunto, un señor del pueblo subió con una escopeta y le descerrajó un tiro al animal. Luego, los mozos ataron una cuerda a los cuernos y cuando la empezaron a bajar estos se quebraron y la vaquilla dió con sus huesos en el suelo con gran asombro y espanto de la concurrencia. El suceso se puede ver en YouTube con el nombre de "la vaca que subió a la muralla" al final del vídeo se ve fugazmente aparecer al hombre de la escopeta.

Hoy han sido 29 km

Día 30: hoy me he quedado en Carcaboso a 11 km de Galisteo. No es como había quedado con Juan, pero me vendrá bien un descanso y encima una pierna me está molestando y además: yo no tengo prisa ni nadie que me la meta (la prisa). De esta forma él se adelantará una jornada. Esta tarde le he llamado para despedirme, la verdad es que hemos hecho nuestras risas, pero es mejor así ya que yo prefiero hacer El Camino solo y que cada uno haga como quiera. El camino de hoy ha sido enteramente una antipática carretera sin arcén, construida al parecer sobre la calzada romana, y cuyo único mérito es el de discurrir paralela al Jerte.

En Carcaboso hay de interés la Iglesia de Santiago Apóstol del siglo XVI Y un parquecito anexo donde se exhiben unos miliarios romanos. Unos paneles dan explicación de ambas cosas. Mirando, mirando me percaté de que la parte de abajo de las dos columnas que enmarcan la portada de la Iglesia ¡son, inequívocamente, sendos miliarios! No soy un ingenuo, imagino que ya estarán catalogados y estudiados lo que me sorprendió es que no se mencionara el caso en los paneles citados.

El de la izquierda era perfectamente legible así que pasé mis dedos, casi con fervor, por el bajorrelieve de las letras y anoté:

DIVITRAIANPAR

THICIPOIVINLR

VAENEPOSTRAIA

NVSHADRIANVS

TRIBPOEV-COS

III-RESTITVIT

CIII

La primera frase seguro que se refiere al divino Trajano (hispano él) a continuación no entendí nada pero cuando pasé los dedos por ADRIANUS juro que me dio un escalofrío de gusto. Si alguien entiende la inscripción le agradecería que me la explicara.

El CIII me lo sé: es el ordinal del miliario y significa que está a 103 millas romanas de alguna localidad importante.

Una milla romana son mil dobles pasos romanos, o sea: 1481 metros. Esto quiere decir que el miliario estaba (o está) a 152,5 kilómetros de algún sitio importante y, mire usted, Mérida (perdón: Augusta Emérita) está a 147 kms a pie ¿cómo te has quedao?

Al lado de la Iglesia hay una cruz: me juego lo que quieras a que está esculpida en un miliario.


 

DE CARCABOSO A CÁPARRA Y A ALDEANUEVA DEL CAMINO

Día 31: el camarero que ayer me servía la cena se hacía cruces del esfuerzo que él piensa es hacer el Camino. Me contó que le había preguntado a un canadiense que hablaba español el porqué de su aventura, la respuesta que este le dio es de diez: "creo que es la única forma de ver el mundo a 4 km/h"

Seguramente yo mismo me puedo identificar tanto con esa respuesta como con algunas otras. Podría decir que El Camino me llama y no mentiría, las cosas que ves, las personas que encuentras y las emociones que todo suscitan son una buena razón, pero no fue sólo eso lo que me ha traído está vez. Mi motivo inicial es deportivo, pero entendido no sólo como esfuerzo físico sino también como esfuerzo mental. Cuando las cosas se ponen difíciles, cuando el cuerpo te duele y te vencen "el sudor, el miedo y la fatiga" sólo tienes tu cabeza para superar el bajón.

Después del descanso de ayer he salido al camino como una flecha haciendo 20 kms en tres horas y media, una burrada que me ha pasado factura: me duelen hasta las cejas; los tendones de Aquiles me molestan; una tendinitis en el codo izquierdo me impide según qué movimientos; se me ha debido de colar un bicho por la manga izquierda del pantalón y me ha dejado de recuerdo siete abones del tamaño de monedas de 20 cts. Decía Igor, el ayudante del Dr. en "El jovencito Frankenstein": "Podría ser peor, podría llover..."

Así que llegando a CÁPARRA me ha venido un bajón de moral que me está costando superar. Sólo sé que mi cabeza no quiere abandonar. Como decía mi admirada Escarlata O’hara: "eso ya lo pensaré mañana" y claro: todos los días tienen un mañana. Lo importante es el aquí y el ahora y eso es lo único que debes afrontar en cada momento, o sea: un paso después de otro.

Hoy caminamos por las magníficas dehesas y bosques de los Llanos de la Jarilla en el Valle de Ambroz, vecino del Valle del Jerte del que le separa hacia el sudeste una pequeña cordillera llamada Montes de Traslasierra.

CÁPARRA es una antigua ciudad romana situada en la Vía de la Plata lo cual hizo en tiempos su fortuna pues por allí pasaban personas y mercancías de, ó hacia Mérida. En medio de la ciudad hay un arco de 4 pies entre los cuales pasa la famosa calzada y cuya imagen es el símbolo del camino de la plata. Están en plenas excavaciones, pero ya se pueden visitar algunas casas, las termas, el circo, tumbas...Hay un centro de interpretación donde te sellan la credencial. Han sido 20 km.

Dia 1 de junio: Sigo caminando por el Valle de Ambroz. Esta vez dosifico mis fuerzas y mi andar es más pausado. A eso de siete kilómetros antes de Aldeanueva, mi destino, las señales y flechas amarillas sugieren un brusco giro del itinerario hacia el Este. Es sorprendente porque la carretera por la que camino conduce inequívoca y directamente hacia Aldeanueva. Uno, que es como es, obedece y se dirige hacia el Este. Algunos cientos de metros después el camino se bifurca: el de la izquierda se dirige hacia el Norte y el otro sigue hacia el Este, no hay señal ninguna: pues hacia el Norte ¡a ver que vida! Continúo mi caminar y me encuentro una cancela, está es de las difíciles: chapa ciega; ninguna señal. Intento abrirla: sin resultado. Decido, pues, saltarla para lo cual envío mis bastones y mochila al otro lado ¡MALDICIÓN! Si quieres pasar un obstáculo sin antes pensar como, envía primero tus enseres al otro lado, verás como encuentras una solución. La encontré, subí como pude y me agarré al tronco de una encina que, felizmente, había al otro lado. Me deslicé por su tronco dejando en mis brazos trazas sanguinolentas merced a su rugosa corteza (por decirlo bonito)

Seguí, siempre hacia el Norte, lo que identifiqué como camino ¡quiá! Al poco este desapareció engullido por el pasto que ahora ya me llegaba a la cintura. Un grupo de vacas que, aitas, ya rumiaban tumbadas, se me quedaron mirando como sólo ellas saben hacerlo. Ante ese mirar uno tiene la sensación de estar violando algún momento íntimo ¡coño con las vacas! Pasé a su lado: ¡bonitos cuernos señora vaca! ¡un ternerito precioso, si señora! ¿qué tiempo tiene? y así...

Llegué, por fin, al extremo del prado siguiendo los senderos que dejan las vacas en su lento deambular (¡ojo con las cagadas!) Allí un muro mixto de piedra y alambre me invitaba a vencerlo. Esta vez dejé mis enseres en lo alto del mismo para recuperarlos o no, en cualquier caso. En venciendo el muro dejé parte de la piel de mis rodillas cosa que mis brazos agradecieron pues sus rasguños sangraban ya de la emoción. Seguí caminando, siempre hacia el Norte esperando que no me saliera ningún perro celoso de su labor. Mi referencia era la autovía que conduce a Aldeanueva y hacia allí me dirigí pues sabía que al otro lado hay una carretera local transitable. Otro muro, este facilito. Más pradera. Otro muro, pero con un paso abierto que me condujo a una pista paralela a la autovía. Seguí adelante, inasequible al desaliento, hasta que me encontré con la alambrada que impide el acceso a la autovía. Seguí caminando hasta que encontré un punto que podía franquear pues la parte de abajo de la alambrada estaba suelta. La levanté, pasé mis enseres por debajo y después lo hice yo. Algo se enganchó en mi camiseta que me impedía avanzar. Forcejeé en vano por lo que decidí quitarme la camiseta. Y allí estaba yo: 67 años; a pecho descubierto; tirado en el suelo; sudoroso y lleno de polvo y barro y en esto que me di cuenta de que me estaba divirtiendo, estaba sonriendo ¡no tengo remedio! En ningún momento había sentido los efectos del cansancio del día y ni siquiera la tendinitis del codo me había impedido los movimientos, eso sí: dolía la jodía. Camine por el centro de la autovía un rato, en esa tierra de nadie que hay entre los dos viales. Considerando que había cumplido como un campeón y a cuatro km de mi destino (una bicoca), llamé al albergue que inmediatamente mandaron a un propio a rescatarme. Este me confirmó que había tomado el camino equivocado: el bueno era el que conducía al este. Al otro lado de la autovía veía la carretera que me habría conducido felizmente a mi destino si no hubiera hecho caso de las señales. Para alcanzarla tenía que cruzar la autovía, saltar otra alambrada y salvar una pequeña vaguada. En fin. Una vez duchado y comido y relajado pensé que mi pequeña aventura, que apenas duró una hora, era una metáfora de la vida: si no sigues el camino marcado, apechuga con las consecuencias. Bueno pues: apechuguemos con las consecuencias, es más divertido. Han sido 20 km.


 

DE ALDEANUEVA DEL CAMINO A CALZADA DE BÉJAR A FUENTERROBLE DE SALVATIERRA Y A MORILLES

Día 2: hoy hemos dejado el Valle de Ambroz para subir el puerto de Béjar en las estribaciones de la Sierra de Gredos. Dejamos Extremadura y nos adentramos en tierras de Salamanca. Prácticamente todo el recorrido por Extremadura ha sido puro campo: bosques; dehesas; tierras de labor; praderías; ríos; multitud de arroyos...Si añadimos su patrimonio histórico y cultural, hablamos de una región excepcional poblada de gente amable y laboriosa. Creo que los extremeños soportan una lamentable leyenda negra según la cual son gente poco emprendedora y necesitada de financiación. Quién eso diga, que venga a Extremadura.

El paisaje ha cambiado drásticamente: las dehesas y el bosque mediterráneo han dado paso a un bosque más atlántico, más espeso con mucho matorral. Empezamos a ver hayas; robles; helechos...Coronado el Puerto de Bejar nos adentramos en el frondoso valle del rio Cuerpo de Hombre. Hemos dejado la calzada romana en un nivel más bajo cerca del rio para tomar el antiguo Camino Real que nos llevará a nuestro destino: Calzada de Béjar.

Encuentro dos señoras cortando Romero en flor que crece con tanta profusión por todas partes; preguntarás por el motivo, me contestaron que era para adornar los altares del Corpus. Más tarde, pude comprender en qué consistía la cosa.

Camino a tramos con Antonio, sevillano, maestro albañil, antiguo legionario que prometió al Apóstol Santiago hacer cuatro veces el Camino de Santiago si su hermana melliza se curaba de un cáncer de médula. Ésta es su cuarta peregrinación pues parece que su hermana está en franca recuperación. Ahí lo dejo.

Hoy hemos cenado en el albergue un catalán del Mollet del Vallés; tres ciclistas colombianos; un alemán; uno de Huelva; Antonio y yo. Ha sido una simpática cena. No han faltado las divertidas anécdotas y los brindis por un feliz camino y mejor término. Mañana será otro día, quien sabe con quién cenaremos. Han sido 22 km

L

Días 3 y 4: el ambiente Serrano da lugar nuevamente a la dehesa; los grandes pastizales y a manchas de robledal. Los pueblos se ven en la lejanía como aplastados. Al poco de dejar Calzada de Béjar miré atrás desde un alto y pude ver muy a lo lejos la Sierra de Gredos aún con nieve. La vista es impresionante.

En FUENTERROBLES pudimos asistir a la procesión del Corpus; las protagonistas son las niñas que ese año han hecho la primera comunión; la emoción se leía en sus caras.

Ya en los llanos sentí que no hay nada como caminar en medio de una naturaleza tan abrumadora y si no te duele nada, no llueve y el sol no te aplasta la sensación es pletórica. Parece que hay alguna confusión con las señales. El Camino oficial pasa por Morille, donde pasaré está noche, pero parece que algún otro pueblo, cuyo nombre callaré, quiere también participar del pastel y modifica la señalización para reorientar al peregrino. Esto ya lo he visto en el Camino Frances: algunos no tienen escrúpulos en añadir kilómetros con tal de sacar tajada.

He pasado junto a las ganaderías de toros bravos de Herrería y de Montalvo. El aspecto de un toro de 4 años es inconfundible. No sé si tendremos algún atavismo con esto, pero impresiona.

Antonio ha tenido que coger un autobús a Salamanca, tiene problemas en una pierna y es posible que cause baja.

Mañana llegaré a Salamanca donde cogeré un autobús a Zamora. Necesito acortar el camino pues quiero estar de vuelta en casa el 28.

Deberían de haber sido 54 kms entre las dos etapas, pero las he acortado en 15 sirviéndome del coche de un vecino. La pierna izquierda y el talón derecho me están dando la lata. Ya veremos.


 

DE MORILLES A SALAMANCA-ZAMORA A MONTAMARTA Y A GRANJA DE MORERUELA

De Moriles he dejado de decir que es un pueblo muy bonito con casas de piedra muy bien recuperadas y plazas ajardinadas muy agradables. El bar Marcos se ocupa de acoger al peregrino y en él trabaja en la cocina un ángel de los peregrinos: Inma. Te prepara un menú sencillo pero rico con productos frescos y naturales. Por la noche llegue tarde a cenar y ella ya estaba en la calle y había cerrado la cocina. Cuando me vio llegar en lugar de escaquearse me preguntó si quería cenar, le dije que sí y ni corta ni perezosa abrió la cocina y me dio de cenar. Mientras cenaba supe que su madre está mala y le llevaba la cena. Todo con una sonrisa. Me despedí de ella con dos besazos que se oyeron en Salamanca. ¡Que gente más maja hay por el mundo!

Día 5: hasta Salamanca no hay mucho que decir: cereales; praderas; ganado...

Cerca ya de Salamanca en el alto de Tosa de Tejada contemplé el campo donde se libró la Batalla de Los Arapiles durante la guerra de la independencia. Fue una de las mayores derrotas que afrontó la infantería francesa. En el punto donde me encontraba tenía el general Wellington su punto de observación. El ejército aliado estaba formado por ingleses, portugueses y españoles. En esa época, el ejército español no era ni la sombra de lo que fue y gracias a la ayuda del Reino Unido se pudo hacer frente a los ejércitos franceses. En esta batalla, como en muchas otras, estuvo presente otro héroe olvidado de nuestra historia: el general Miguel de Ávila y Esquível, vitoriano, marino ilustrado que pasó al empleo en tierra dadas sus indudables capacidades militares y valor personal. Fue gran amigo de Wellington y el descendiente de éste conserva en su mansión inglesa no pocos recuerdos y retratos del general alavés. Recomiendo vivamente la lectura del siguiente libro: EL GENERAL ÁLAVA Y WELLINGTON DE TRAFALGAR A WATERLOO; autor: Gonzalo Serrats Urrecha; editorial: Foro para el Estudio de la Historia Militar de España. Yo lo leí con deleite y asombro pues descubrí cosas nunca oídas ni leídas de la contienda. Tuve incluso el honor de comunicarme con su autor con ocasión de agradecerle su dedicatoria. Por lo que pude colegir creo que tiene muchas más cosas que contar, pero eso es ya otra historia. Cuando alcancé las primeras casas de Salamanca todavía me faltaban 52 minutos para llegar a la estación de autobuses pasando por la catedral. Es lo que tiene llegar a una ciudad grande: que te crees que has llegado, pero no has llegado, o sea: no se si me explico, pero tú me entiendes ¿vale?

Llegado a Zamora me dirigí inmediatamente al albergue de peregrinos, allí me recibió como hospitalera una luz en el camino: Isa. Isa es acogedora, simpática, joven y guapa. Como es su cometido, me mostró las instalaciones como si se trataran de las de un palacio. Su naturalidad y desenvoltura le hacían ganarse el respeto y simpatía de los peregrinos. A la noche nos preparó una cena, con ayuda de otro hospitalero, a base de lentejas estofadas, espaguetis a dos salsas, ensalada y fruta. Éramos 18 peregrinos. Se habló del Camino. Monique, una chica francesa de mediana edad, chiquita y delgada, de melena blanca, nos contaba, en su español macarrónico, sus aventuras desde que empezó su caminar en Valencia y las veces que se había perdido. Lo hacía con alegría y su mirada despedía esa luz que tienen la ilusión y la aventura.

Los hermanos gallegos, dos chicos menudos, macizos como hechos en granito y muy andariegos, nos hablaban de los muchos caminos de Santiago ya recorridos y del descubrimiento de dos caminos ignorados: El Olvidado y El Torres que parece que se pueden encontrar en Internet. El alemán de enfrente de ellos tomaba nota del descubrimiento pues es también su deseo el descubrir nuevos caminos. Descubrí que hay fanáticos del camino que vuelven un año tras otro. En los albergues municipales, los preferidos para este tipo de gente, hay buena prueba de ello.

Hay, incluso, personajes ya conocidos en muchos albergues y por muchos peregrinos de los que repiten. Destaca entre ellos un italiano que viene a España todos los años y que viste de forma excéntrica. Va dejando por los albergues fotos de sí mismo y de su casa en un pueblo de Italia cuya fachada esta abarrotada de objetos que hacen alusión al camino: flechas; conchas; banderas; imágenes...

Algunos dejan recuerdos como fotos; carteles hechos por ellos mismos y todo tipo de fetiches-recuerdos e incluso mantienen la comunicación: Isa nos repartió una mano de la amistad que un artesano alicantino les envía todos los años para repartir. Ella misma se sorprendía del nivel de confianza que se establece en esas cenas entre la gente.

En fin, decía uno de los comensales que se diría que algunas personas hacen del camino una burbuja separada del resto de su vida.

Han sido 25 km.

Día 6: hemos llegado a Montamarta después de 18 km de más cereales, praderas y ganado y de ver cómo nos toman el pelo desviando el camino y alargándolo para facilitar la ocupación del terreno por cualquier obra pública.

Día 7: hemos llegado por fin a Granja de Moreruela. Más cereales y más rectas interminables. Aquí se separan los caminos: unos seguirán el de la Plata hasta Astorga para continuar por el Camino Francés; otros tomaremos el Camino Sanabrés en dirección a Orense.

Hemos comido juntos el nuevo grupo formado: Javier, de Bilbao; los dos montañeros; los dos hermanos gallegos y yo mismo. Para el de Bilbao este es su quinto camino: le gusta andar; estar fuera de casa, comprobar si es capaz de hacerlo y el ambiente humano que se genera en el camino. Los dos montañeros y los dos hermanos gallegos comparten parecidos motivos, pero creo que nunca se lo han planteado y sus respuestas son ambiguas, no me atrevo a aventurar un motivo. Lo que puedo decir es que todos disfrutan del camino y que las muchas incomodidades que entraña hacerlo no significan gran cosa para ellos. Yo comparto motivos con el de Bilbao.

Ahora, después de comer, estoy sentado en un típico bar de pueblo castellanoleonés; a mi alrededor tres mesas de jugadores de cartas lo ambientan con sus exclamaciones; en medio de todo ello, una joven pareja de peregrinos alemanes parecen un anacronismo, pero no parecen sorprendidos. Me pregunto qué pensarán y cuáles serán sus motivos ¿cómo se siente alguien que no es de nuestra cultura al recorrer estos caminos perdidos y compartir ambientes tan extraños para ellos?

Han sido 22 km.


 

DE GRANJA DE MORERUELA A TÁBARA Y A SANTA MARTA DE TERA

Día 8: hoy por fin hemos abandonado la Vía de la Plata y tomado el Camino Sanabrés o Mozárabe. Ha sido un día duro pues ha amanecido lloviendo y a esa incomodidad ha habido que añadir la que supone los caminos embarrados cuando no encharcados. Al atravesar el río Esla el camino se convierte en una trocha que discurre paralela al rio y algo por encima de su nivel. La senda es estrecha y las ramas de los árboles, matorrales y la hierba baja invaden su espacio acabando de empapar lo poco que quedaba seco de nuestra ropa. El agua se introduce en los zapatos y siento los dedos de los pies moverse en un charco de agua. Siento el agua que empapa mis pantalones subir por capilaridad hacia la cintura. Transpiro y el chubasquero impide le evacuación del sudor con lo que siento mi cuerpo empapado, así como mi cabeza. El ejercicio físico mantiene mi cuerpo caliente. Por fin me alcanzan "los dos gallegos" y "el de Bilbao" tan empapados como yo. Nos detenemos a comer algo, beber agua y darnos ánimos lo que parece que conseguimos. Los gallegos caminan sin chubasquero y en camiseta ¡con un par! -total, no hace frio- dicen. Sin duda son de granito. El de Bilbao va bien equipado, hecho un pincel...mojado, eso sí.

Salimos de la trocha, ha dejado de llover y caminamos por un bonito bosque mediterráneo que eleva nuestra moral. Poco a poco la ropa se va secando y llegamos nuevamente al llano: praderas, cereales y rectas desalentadoras e interminables. Una hora antes de llegar a nuestro destino nos cae un aguacero con gotas como canicas y viento racheado. Volvemos a estar empapados. Escampa cuando llegamos a Tábara, nuestro destino. Me entero de que "el de Sestao" ha causado baja y la alemana pelirroja ya no aparece por ningún lado. Sin duda el Camino actúa como la Selección Natural: quedándose con los especímenes más adaptados o adaptables (Sí se me permite la coquetería pues yo sigo aquí)

El albergue de Tábara es uno de los pocos que quedan en España creado y mantenido con y por el sistema altruista y hospitalario que inspira la filosofía del Camino es decir: con las aportaciones voluntarias de los peregrinos. La iniciativa de su creación y mantenimiento ha corrido a cargo de su hospitalero: José Almeida, escritor de Bilbao, que lleva cuatro años a cargo del albergue y que trata de recopilar todas las historias curiosas o fuera de lo común que ocurren en el camino para lo que mantiene contacto con otros hospitaleros. Durante la "cena en común" (gratis) pegué la hebra con él y le creo sincero cuando me dice que lo hace para que no se pierda el espíritu del Camino y como una forma de seguir caminando pues una lesión en una pierna le impide hacerlo físicamente. Él también se hace la pregunta que todos nos hacemos alguna vez: ¿Qué coño hago yo aquí? Empiezan a gustarme estas cenas, la gente se abre y participa.

El edificio es un préstamo del Ayuntamiento.

Han sido 26 kms.

Día 9: hemos caminado bajo amenaza de lluvia, aunque la cosa no ha pasado de amenaza afortunadamente. El camino no ha sido muy estimulante pues nuevamente ha consistido en rectas sin ningún atractivo paisajístico.

Dos kilómetros antes de llegar a mi destino, el talón derecho me ha dado un zurriagazo de espanto así que he terminado el trayecto a paso de cojo para no forzarlo.

Hoy ha sido la despedida con los gallegos y el de Bilbao. Una pena porque lo estábamos pasando bien. La comida de hoy ha sido de despedida y exaltación del camino. Todos hemos coincidido en que el principal atractivo del camino, sea cual sea este, es el contacto y trato con otras personas que suele ser más estrecho y personal que en otras circunstancias. Esto sólo ocurre en el camino y ninguno éramos capaces de dar una explicación. Los voy a echar de menos: a Javier el bilbaíno con sus chistes malos y su retranca tan vasca; a Vicente con su calma gallega y su trato amable y cordial y a Ramón con sus interminables anécdotas e historias que enriquece con una gesticulación amplia y descriptiva.

A los gallegos se les acaba el tiempo y van a aumentar el ritmo; el de Bilbao seguirá con las etapas normales y yo voy a vigilar este talón por lo que voy a hacer recorridos más cortos.

En Santa Marta de Tera están la Iglesia y antiguo monasterio de Santa Marta, posiblemente el templo románico más antiguo de Zamora del siglo XI. Su guía, y hospitalera del albergue, es corresponsal, por así decirlo, de José Almeida al que pasa todas las historias curiosas y extraordinarias que tiene la ocasión de conocer. Nos contó una y francamente no le vimos el misterio por ningún lado, sólo una serie de coincidencias fortuitas. Ella piensa que la Iglesia se haya sobre una zona donde concurren especiales líneas de energía telúrica. Nos hizo una demostración muy convincente con unos alambres de zahorí que luego ninguno de los presentes fuimos capaces de reproducir.

Hoy han sido 22 kms


 

DE SANTA MARTA DE TERA A VILLAR DE FARFON Y A MOMBUEY

Día 10: está lloviendo. Es un poco desalentador empezar el día de esta manera, pero de lo que no cabe duda es que: si llueve, llueve para todos; así que no hay lugar para el desaliento sino todo lo contrario ¡ultreia!

Caminamos por los Llanos del Rio Tera. Los primeros kilómetros los hacemos en paralelo a éste, el rio discurre manso y mofletudo de agua. Agua, agua y agua: en el cielo y en el suelo; en los matojos y hierbas del camino que nos pintan los flancos con agua y agua; en el fango y los charcos del Camino Sanabrés descuidado y destrozado por los vehículos agrícolas, agua y más agua; en las pistas pecuarias mal construidas ora enfangadas, ora encharcadas, ora empedradas como consecuencia de la erosión del agua que arrastra la tierra, ese agua, agua y agua.

Los contratistas que hicieron estos caminos deberían ser sometidos a un "juicio de residencia" cuando menos; los romanos lo hicieron mejor.

Estoy empapado, de nuevo mis pies están en un charco. El cielo es gris oscuro, triste. Camino y camino sin posibilidad de detenerme ni de descansar en lugar alguno pues ni un bar ni zona de descanso habilitada para tal menester encontramos en nuestro camino.

Ahora la neblina me cubre, me quito las gafas pues de mojadas no me sirven para ver. Me encuentro con José, un conocido, afortunadamente para él pues engañado por un barero interesado ya tomaba un camino equivocado. José camina más rápido que yo pero intuyendo que la zona está mal señalizada se pone a mi paso, ¡bien hecho!; algo más tarde le vuelvo a rectificar y corrijo su derrota. Ya confiado se despide de mí y vuelve a su paso endiablado ¡buen camino!

Me sirvo del GPS de mi amado teléfono para no errar el rumbo. La pantalla está mojada de agua, agua y agua y mis dedos también, pero consigo que me haga caso.

Camino por una dehesa, kilómetros después el paisaje se abre y mi ánimo se recobra: contemplo el embalse de Nuestra Señora de Agavanzal (¿¡) un paisaje casi amazónico. La lluvia da una tregua, sale el sol y me detengo al lado del pantano a descansar y tomar un refrigerio; tres kilómetros más y ya estoy en mi meta: Villar de Farfón.

Me alojo en el albergue Rehobooth propiedad de Craig y Dorothea dos nómadas sudafricanos, con una amplia trayectoria de misioneros voluntarios en varios países que un día se enamoraron del camino y decidieron construir un albergue de acogida y una bonita casa en lo que fueron unos edificios de labores agrícolas y cuadras derruidas. Observo una pequeña biblioteca llena de textos de apostolado cristiano.

Poco después llega Cristian, un jovencísimo valenciano que inmediatamente engarza con Craig una conversación de tintes teológicos que en absoluto despierta mi interés. Así continúan TODA la tarde, Craig en el papel de magister, mientras yo me ocupo de cosas menos importantes como lavar la ropa, secar las botas y cosas materiales así. Son majetes, todo sea dicho.

Para cenar Craig nos preparó un potaje zamorano sencillamente riquísimo. La conversación amenazaba continuar por los mismos derroteros, pero afortunadamente derivó hacia temas más científicos en los que todos estuvimos de acuerdo en que la ciencia nos llevará a descubrir potenciales humanos desconocidos o que un día olvidamos.

Hablamos del Camino. Comenté que me seducían la parte histórica, cultural, paisajística, deportiva y humana que ofrece. Los tres contertulios coincidimos en admirar el hecho de que en el Camino la gente se abre al "otro" y en cinco minutos somos capaces de hacer confidencias y confiarnos de una forma imposible en otras circunstancias.

Aquí tuve la oportunidad de dar mi versión: en el Camino todos nos reconocemos como partícipes de una idea, eso nos hace iguales y el MIEDO al OTRO desaparece, en ese momento nos abrimos y compartimos no sólo el bocadillo si no también vivencias, frustraciones, ilusiones, fantasías...

Argumenté que el miedo es el verdadero demonio: el miedo a la pobreza; el miedo al dolor y al sufrimiento; el miedo al desamor, al abandono; el miedo a la enfermedad; el miedo a perder la identidad (nacionalismo) Por esto, pienso, el miedo está en el origen de la codicia y de la violencia. Para mi forma de pensar, el MIEDO es el demonio que habita en nosotros, el Gran Satán que desgarra nuestros corazones con su tridente de fuego. En este punto suelo recomendar una lectura: aquí voy a recomendar la lectura del Evangelio según san Mateo. Desde mi punto de vista ateo es, quizás, la lectura más recomendable y adaptada a nuestra cultura (Y ustedes perdonen si resulto presuntuoso, pero me acabo de tomar una copa de pacharán y eso da muchos derechos)

Han sido 22 km.

Día 11: no llueve, pero el camino está anegado, anegado, anegado. La Junta de Castilla y León y La Diputación de Zamora se precian de poner bonitos carteles en los distintos pueblos donde se explican el trayecto y las virtudes del camino Sanabrés o Mozárabe. Pues los señores (y señoras que no quiero ser discriminatorio, válgame dios) de la Diputación y de la Junta pueden meterse el Camino por el culo (culito, que no quiero ser discriminatorio, válgame dios)

Estoy llegando a Monbuey, es una corta distancia, pero mi talón de Aquiles (y de la madre que lo parió) necesita descanso, así que aquí me quedo. Me he encontrado con el valenciano Cristian que se estaba trasegando un bocata de tamaño barra de un kilo él solito. Me he sentado a su lado y me ha dado un poco de su bocata. Cristian tiene esa juventud ingenua, osada y valiente que le hace tan atractivo. Me veo en él cuando tenía su edad y no tenía dudas de nada ¡cachis la! Bueno ¡qué coño! ahora estoy mejor más tranquilo y con un amor tierno que llena mis horas y pensamientos y que me acompaña en este camino. Han sido 17 km.


 

DE MOMBUEY A ASTURIANOS Y A REQUEJO

Día 12: he salido tarde de Mombuey pues la jornada que voy a hacer es corta. No llueve, la pista está seca y en relativo buen estado por lo que se avanza muy bien. Cerca de Valdemerilla me encuentro con las obras del AVE que han cortado el camino por lo que me veo obligado a caminar por la vía de servicio creada expresamente para las obras. Al final de dicha vía hay un cruce sin indicaciones por lo que, orientado por mi Telefono-GPS, dibujo con piedras una flecha en el suelo para orientación de otros peregrinos. En Cernadilla tengo la oportunidad de subir al campanario de la Iglesia de la Transfiguración, desde lo alto la vista es fantástica. El paisaje es bonito y muy de norte. Son manchas de robledal con mucho y tupido matorral. El cielo ha estado nublado todo el día, pero una hora antes de llegar a Asturianos ha salido el sol y entre eso y los últimos repechos me canso más de la cuenta así que agradezco mucho la llegada a su albergue.

Hemos dejado los Llanos del Tera y nos estamos adentrando en el macizo Galaico-Leones donde domina por su altura la Peña Trevinca en cuyas faldas nace el río Tera.

Han sido 19 kms.

Día 13: el cielo está despejado y la temperatura es de 3°C. Después de 3 km de carretera me adentro en la pista que señala el Camino, nueva decepción pues está todo anegado. Salgo, pues, de nuevo a la carretera en cuanto puedo y así llego a Puebla de Sanabria donde descanso una hora en las cuidadas y acondicionadas orillas del rio Tera. Vuelvo a darle otra oportunidad a la pista y como si nada; un pastor me indica que siga por la carretera y así lo hago. El caso es que hay un gran tránsito de camiones de carga y hormigoneras debido a la proximidad de las obras del AVE. La mayoría de los camiones se separan lo suficiente para darte espacio, pero una pequeña parte de ellos parece que quieren que les recibas "a porta gayola" La verdad es que acojona un poco. Llego a Requejo. Estamos por debajo del Parque Natural del Lago de Sanabria. Cerca se encuentra la población de Ribadelago la Nueva. Recuerdo todavía la conmoción que causó en 1959 la rotura de la presa de Vega de Tera causando la muerte de 144 personas del pueblo. No se hablaba de otra cosa en esos días en los que permanecíamos sobrecogidos mis padres, mi hermano mayor y yo en torno a la radio Grundig que teníamos en nuestra casa de la calle Prim de San Sebastián.

Han sido 26 kms.


 

DE REQUEJO A LUBIAN A A GUDIÑA Y A CAMPOBECERROS

Día 14: dejo que se me peguen las sábanas pues hoy tengo una etapa corta, de descanso. Desayuno tranquilamente en el bar de al lado del albergue y me pongo en marcha a eso de las 8 de la mañana. Me han aconsejado que hasta el alto de Padornelo haga el trayecto por carretera pues el camino está muy afectado por las obras del AVE. No obstante, el intenso tráfico de camiones hace que me decida a tomar el camino al poco de salir de Requejo y no me arrepiento: me sumerjo de inmediato en un bosque espeso; identifico robles y hayas, quizás abedules el resto ni idea; hay muchos helechos, está claro que se acabaron los paisajes mediterráneos donde dominaban la encina y el alcornoque. La vegetación es muy tupida y el sol se cuela entre las ramas de los árboles dibujando filigranas. Camino acompañado del rio Castro en el fondo de un cañón. La pista es muy desigual y pronto aparecen de nuevo los charcos y barrizales; hay muchas ramas y troncos caídos en el camino y empiezo a pensar que quizás no haya tomado una buena decisión: no veo huellas de otros caminantes. Sigo adelante pues el GPS me mantiene orientado, no obstante, disfruto del camino y me siento feliz en medio de una naturaleza tan auténtica. Veo el río culebrear a mi lado entre la vegetación; hay pozas; pequeñas cascadas; rápidos...los árboles forman un túnel a mi alrededor. A veces el camino no es sino un arroyo más que confluye en el rio. Me siento encantado de estar allí. Sigo feliz mi caminar lento y accidentado y al poco oigo lo que podría ser el rugido de un dragón, sus bramidos inundan el espacio. De repente a unos metros delante de mí veo el camino bruscamente interrumpido por un paredón como de tres metros de tierra y rocas. El dragón vuelve a rugir y puedo ver sus dientes por encima del paredón: la pala de una excavadora se afana en distribuir un montón de rocas enormes imagino que para proteger un talud. Me meto entre la vegetación y consigo superar el obstáculo, de golpe aparece ante mis ojos el bocado que las obras del AVE le han metido a mi bosque encantado. En una importante extensión de terreno todo viso de vegetación ha desaparecido, el suelo ha sido nivelado a voluntad, enormes columnas destinadas a soportar las vías del AVE se levantan orgullosas hacia el cielo, potentes y macizas. El río discurre a sus pies desnudo y empequeñecido. No obstante, me tranquiliza pensar que en su momento la zona será recuperada y las columnas admitidas por el bosque. Más tarde tendría ocasión de comprobarlo. Me puse a andar buscando una salida entre un infernal movimiento de vehículos pesados consciente de ser una especie de anacronismo. Afortunadamente se detuvo ante mí una furgoneta con dos amables técnicos que me transportaron hasta la carretera desde donde podría recuperar el camino. He de decir que se mostraron preocupados de que no hubiera advertido las señales que avisan del cambio de camino y delante de mí dieron órdenes para que se mejorarán los avisos y carteles. Seguí caminando por la carretera que discurre por la parte alta de la garganta del rio y en un puente de descomunales columnas que la salva miré hacia el bosque encantado del que había salido tan bruscamente. Mas tarde recuperé el bosque por otra parte y así llegué a Lubián.

Han sido 17 kms.

Día 15: a la salida de Lubian una pista de hormigón me conduce, a través del bosque encantado hacia otra zona donde las columnas que soportan la autovía A55 ya han sido integradas por el bosque. El lugar de lo que una vez fue una zona de obras como la que conocí el día anterior es ahora una pradera con arbolado nuevo, playa fluvial y zona recreativa que acoge anualmente romerías que tienen lugar en honor de la Virgen de Teza que posee en la proximidad un bonito santuario barroco a su nombre.

A partir de aquí el camino es irregular y la subida al Alto de A Canda con sus fuertes repechos se hace dura a pesar de la belleza del entorno. El alto de A Candas señala el límite provincial entre Zamora y Orense. Desde este punto la vista es espectacular.

Sigo caminando por una pista muy cuidada en un paraje similar al anterior. Poco a poco el paisaje se va despejando y al llegar al Alto de O Cañizo la arboleda desaparece y comienza el dominio del matorral y especialmente del tojo que supongo nos acompañará en días venideros. El talón del pie derecho empieza a dolerme y entro en A Gudiña más bien perjudicado. En A Gudiña hay gran expectación por el partido de la selección y aquí el patriotismo se escucha en lengua gallega lo que demuestra que lo cortés no quita lo valiente. Algún lugareño ha aparecido en el bar donde vemos el partido con la camiseta de la selección.

Esta ha sido una jornada dura de 25 kms.

Día 16: la mañana empieza tempranito gracias a un equipo de ciclistas tan ruidoso como maleducado que sin duda quiere hacernos compartir con ellos su alegría de vivir.

La niebla lo cubre todo. Hace frío y viento. Los árboles están tan cargados de rocío que con el goteo dibujan en el suelo su sombra con agua. Todo está húmedo. Caminamos por pista asfaltada en una suave y continúa subida. No será hasta alcanzar los mil metros que la niebla llegue a despejar. A esa altura caminaremos el resto de la jornada. Voy acompañado de un joven holandés llamado Willko (o así) es un hombre tranquilo que devora los kilómetros como si tal cosa y fumando. Hablamos de todo un poco. Le he conocido hace unos días y nos despedimos pues él continuará hasta la siguiente parada: Laza. Así será con el resto de gente del grupo con los que he coincidido durante estos últimos días. El paisaje es espectacular, es una zona montañosa hasta donde alcanza la vista, sin árboles pues el terreno es pizarroso y muy pobre y sólo es capaz de albergar tojos y otros matorrales interrumpidos por alguna que otra mancha de pino gallego. Llego a Campobecerros, mi meta de hoy, al que contempló desde un alto. A su lado las obras del AVE han metido un tremendo bocado al monte como consecuencia de las obras de sendos túneles. En esta zona no cabe duda de que la cosa va a ir de túneles. Es sábado y las obras están paradas, mejor. La cadera me está fastidiando y me tomo un Ibuprofeno. Llegó renqueando al albergue, inmediatamente llega una jovencísima chica suiza del grupo que ya he mencionado, viaja sola, habla español y durante la comida charlamos de esto y aquello. Me sorprende su determinación, rondará los 20 años como mucho y afirma que prefiere viajar sola pues eso facilita el contacto con otras personas lo que comparto absolutamente de acuerdo. Estoy cenando en el bar más ruidoso del planeta, parece como si los parroquianos compitieran entre ellos por dominar el éter. A lo mejor son sordos y no lo saben. Han sido 20 kms.


 

DE CAMPOBECERROS A LAZA Y A VILLAR DE BARRIOS

Día 17: nuevamente la niebla. Estamos bajando la sierra hasta un valle estrecho por dónde discurre el río Camba. Pasamos por Puertocamba una aldea sin servicios. Y sin más pena que gloria llegamos a Laza que es el punto más bajo que alcanzaremos. Aquí me despido de la jovencísima chica suiza Nadia pues ella sigue su camino.

Han sido 14 kms (como quien va a comprar el pan)

Día 18: el día está despejado. Como es de suponer lo que antes hemos bajado ahora toca subirlo. Me dice un lugareño que estamos en la sierra de san Mamede que supongo pertenece a la parte sur de los montes de Galicia. El terreno a cambiado y los montes de alrededor se ven cubiertos de pinos en su mayor parte. El olor me recuerda al de la Sierra de Guadarrama, es un recuerdo agradable. Tenemos que subir hasta los 950 metros desde los 450 de Laza lo que supone un esfuerzo añadido a la longitud de esta etapa. Subo muy despacio, ahorrando fuerzas y deteniéndome cada dos por tres para admirar tal o cual cosa. Un zorrillo se cruza en mi camino. A veces del bosque inmediato se escapan sonidos que no identifico. Otras, el ruido de unos pasos rápidos en la hojarasca me sorprende agradablemente pues me confirman que estoy en plena naturaleza. A media altura miro hacia atrás, hacia el valle del que me alejo: el espectáculo es grandioso. Descanso en Albergueria en un bar dedicado al peregrino y forrado totalmente por dentro con conchas de vieira. Me como un riquísimo trozo de empanada y pego la hebra con un matrimonio de ciclistas cincuentones y cuatro chicos andaluces que han empezado en Laza a donde les llevó una vecina en su coche desde la parada del autobús con el que llegaron a la zona. Se hacían cruces de la confianza de la mujer en unos desconocidos -este es otro mundo- les informé. En algunos lugares de estas sierras hay pequeñas pedanías pérdidas, o "vendas" como las llaman aquí, que se podría decir que viven en el Neolítico: casas de piedra de una planta; techos de trozos irregulares de pizarra; maderas viejas...todo sucio y descuidado sólo habitado por ancianos. Inmigrantes del interior, diría yo, sin derecho a nada; más les valdría subirse a una patera. Cuando, por fin, llego a la máxima altura contemplo una gran llanura que se extiende hasta el horizonte, mucho más poblada y con muchos cultivos y manchas de arboledas, y en donde encontraré a Orense a 100 km de Santiago.

Llego, por fin, a mi destino. Después de acomodarse en su estupendo albergue, me voy a comer a Casa Carmiña el típico sitio de comidas que si no te lo dicen pasas de largo pues en el exterior nada indica que lo sea. Cosas del pasado. No hay carta, preguntas ¿Que tienes hecho? Y así. La dueña se llama Carmiña, es rechoncha; maternal; sonriente. La gente viene por el boca a boca. En la sala de comer no hay dos mesas iguales y a las sillas les pasa algo parecido. No se come mal y las raciones son de espanto. Me ofrecen un aguardiente casero como "digestivo" tiene un estupendo sabor, hay que decirlo, pero es un bombazo en la boca. Me lo bebo ¡Pues no faltaría más!

Han sido 23 kms.


 

DE VILLAR DE BARRIOS A XUNQUEIRA DE AMBÍA Y A OURENSE

Día 19: hoy tengo un viaje corto así que me levanto tarde: a las 07.00. Desayuno en un bar del pueblo repleto de trabajadores del AVE. La eficacisima joven que atiende sola al personal va preparando las consumiciones según ve entrar a los clientes en el bar pues ya los conoce y conoce sus gustos. Espero pacientemente a ser atendido pues la joven me ha mirado pidiendo comprensión: la tiene, por supuesto. El bar está a tope; hay bocerío; risas. Y tal como se llenó se vacía de golpe pues el horario de trabajo es exigente. Por fin soy atendido y la joven suspira aliviada pero contenta pues gracias al AVE el bar está "funcionando"; es hora de recoger los restos y limpiar un poco.

Me pongo a andar por la llanura que ayer contemplaba desde lo alto: praderas; huertos; sembrados; manchas de arbolado...

La pista es buena y horizontal con lo que avanzo a buen paso. Veo los primeros horreos, ya en desuso, que demuestran el carácter agrícola de la comarca. La zona está muy habitada: caseríos de piedra rehabilitados y nuevos, algunos imponentes. En algún lugar hay una granja de cerdos, eso es innegable. Hay que subir un monte no muy alto que nos llevará al otro lado del valle. Llevo kilómetros andando solo. Empiezo a subir y el talón me pasa factura por la velocidad de la caminata anterior así que bajo la marcha, me fastidia por que las piernas me funcionan y no estoy cansado. Un perro me ladra al otro lado de una verja, parece que algo detrás de mi le llama la atención, me vuelvo ¡coño, un chino peregrino! Pero ¡De donde hostias ha salido este tío! Me sonríe con esa sonrisa peligrosa que tiene esta gente y le veo perderse en el camino delante de mi.

Desde lo alto contemplo el valle, sin duda este país es bellísimo. Un esfuerzo más y ya estoy en mi destino.

Mañana llegaré a Ourense donde me encontraré con Marisa.

Al chino no lo veo por ninguna parte.

Han sido 14 kms.

Día 20: me levanto super temprano y a las 06.00 ya estoy en marcha pues quiero llegar pronto a Orense. El camino discurre enteramente por carreteras secundarias y se dirige directo a la capital, mejor, se avanza bien y con paso firme, mientras no haga calor pues entonces el asfalto quema. La zona está muy habitada y vamos de pedanía en pedanía. Ya en Reboredo, cerca de la capital, atravieso un polígono industrial que me recuerda mi época laboral ¡cuantos polígonos visitados! Aquellos tiempos de casco, mono y botas ya no volverán, pero todavía mi cuerpo recuerda "el calor, el sudor y la fatiga" y en particular los olores a aceites industriales, a combustibles y a pintura; el ruido de la maquinaria; el ir y venir de camiones y las comidas de rancho. Pero sería injusto si no recordara, en esos viajes, los buenos momentos pasados con los compañeros de trabajo. Con eso me quedo.

Delante de mí veo caminar a un peregrino ¿será el chino?

Llego a Orense sin hacer caso de las señales, lo que me permite atravesar una pedanía llamada Seixalbo: un conjunto de casas de piedra perfectamente restauradas. Atravesar una ciudad es lo más cansino que se pueda soportar: cuesta como mínimo una hora llegar a tu destino cuando crees que ya has llegado. No me quiero imaginar lo que puede ser atravesar Madrid.

Por fin llego al hotel. Después de descansar me encuentro con Marisa en la estación de autobuses. Es tarde de celebración así que me salgo de la rutina: paseo por el casco histórico; visita a la magnífica catedral y cena estupenda con una botella de Godello.

Han sido 23 km.


 

DE ORENSE A CEA A CASTRO DOZON A LAXE Y A BANDEIRA

Día 21: nos levantamos tarde así que, a cuenta de lo que ya anduvimos la tarde anterior visitando la ciudad, nos cogimos un taxi por el morro que nos dejó a las afueras de Orense. Nos esperaba un repecho de 250 metros de altura a salvar en muy poca distancia. Una vez arriba la cosa ya se suavizó y entre tramos de bosque y de carretera llegamos a Cea no sin antes hacer un alto en el bar de César un tipo socarrón que tiene un punto de descanso para peregrinos y que ha acuñado un término para los que viajan sin mochila: "turigrino" También existe el término "bicigrino" para los que van en bicicleta; no me imagino cual será el término para los que viajan a caballo.

Cea es la capital del Pan Moreno con denominación de origen. Parece que el auge de la fabricación de este pan en la población fue paralela a la del vecino Monasterio de Oseira al que proveía. Se dice que en un censo realizado en el XVIII se encontró que toda la población se dedicaba a la fabricación del pan moreno. Curioseando por las calles un amable vecino nos invitó a visitar un horno que recordaba haber visto trabajar a su familia cuando era pequeño es "o Forno da Cebola" Al parecer cada horno era administrado por varias familias sucesivamente en turnos de una semana. Cada familia preparaba la masa en su casa, según una receta secreta que pasa de padres a hijos, y lo enviaba al horno para cocer. Actualmente hay 25 obradores en el pueblo que exportan el pan a algunas ciudades de España.

En CEA hemos conocido a un americano que viaja con su mujer tailandesa y su hijo como de 9 años. Él es un cincuentón satisfecho de la vida. Habla muy bien español, que aprendió en Honduras, y es muy simpático. Hablamos de todo un poco, le gusta España y le sorprende lo diferentes que somos de unas regiones a otras.

Días 22, 23 y 24: está haciendo un calor insoportable así que procuramos salir temprano por la mañana para aprovechar la fresca. Estos días el camino se alterna con demasiados kilómetros de carretera lo que aumenta el efecto del calor. Además, los albergues, aunque modernos, están concebidos para el frío con lo que los dormitorios son hornos, salvo en Bandeira donde nos hemos encontrado con que el albergue tiene aire acondicionado. En Castro Dozon nos hemos encontrado con un grupo de jóvenes militares ingleses que van de "turigrinos", su comportamiento es lamentable: son ruidosos, irrespetuosos y borrachos. Se negaban a pagar el albergue y a presentar la documentación y ha habido que llamar a la policía para que lo hicieran, nada nuevo con esta gente. En fin: jornadas penosas y sin interés salvo las risas con el bueno de Ricardo que ayer nos contaba que estaba encantado porque el vino estuviera incluido en el precio del menú del día lo que expresaba con grandes aspavientos y miradas de asombro. Hoy estaba un poco arrepentido por la ingesta de vino del día anterior.

Han sido: 19, 18 y 16 kms


 

DE BANDEIRA A PONTE ULLA Y A SANTIAGO

Día 25: nos dicen que el albergue de Outeiro está cerrado así que las alternativas son: seguir 10 kilómetros más hasta el siguiente albergue haciendo una etapa de 27 kilómetros o quedarnos en Puente Ulla haciendo una etapa de 13 con lo que sólo añadiríamos 4 kilómetros a la etapa final dejándola en 20 kilómetros. Optamos por esta segunda alternativa. El día se ha levantado con niebla y con niebla llegaremos a nuestro destino lo que agradecemos infinito después de los días de sol inclemente. El camino es bueno: la pista es firme y uniforme con lo que avanzamos bien y el entorno es arbolado lo que hace que esta etapa sea un paseo. El mundo agropecuario se mezcla con el industrial y vemos pequeños talleres mecánicos, con su correspondiente entorno degradado, alternando con granjas con su correspondiente entorno oloroso y cagado. Vemos algunas casas de estupenda factura erguirse al lado de granjas de cerdos ¡vaya manera de tirar el dinero! También vemos los puentes del AVE, de orgullosa construcción, discurrir en paralelo a los puentes de piedra del antiguo ferrocarril. El contraste es singular. Todo acaba por integrarse en esta naturaleza tan prolífica y generosa. Una vez acomodados en el albergue, que en realidad es un hostal que hace precios de peregrinos, nos vamos a comer evitando el aburrido menú del peregrino y nos regalamos unos mejillones cuyo intenso sabor hizo que los disfrutáramos sin necesidad de añadir limón o vinagreta alguna.

Luego un rodaballo de verdad con patatas fritas completó nuestro menú regado con un buen Mencia de la tierra. Después de una siesta reparadora y un agradable paseo a orillas del Ulla nos fuimos a ver el infártico partido de fútbol España-Marruecos acompañados de la familia de nuestro "amigo americano" y una pareja sueca con la que coincidimos desde hace unos días. Cenamos con ellos y en la sobremesa y hablando de esto y aquello le expliqué al amigo americano de donde viene la cultura cowboy; el dólar americano; el origen del 50% de su país; la ayuda española en la independencia de USA y algunas otras curiosidades de nuestra historia común que le dejaron, si no con la boca abierta, sí bastante sorprendido. Como es un tío majo optó por dar crédito a lo que yo le contaba.

En la parte forestal que recorrimos, unos cervatillos, seguro que, alertados por nuestra presencia, han dejado su escondite y delante de nosotros nos han regalado con su gracil galope dejándonos el sabor de lo auténtico.

Han sido 13 kms como si nada.

Día 26: ¡sorpresa! El día se presenta nublado lo que nos asegura un recorrido sin la presencia inclemente del sol. El camino transcurre mayoritariamente por pista forestal y asfaltada con lo que avanzamos rápido y con comodidad. La zona está muy poblada alternando las masas boscosas con las agrícolas y alguna que otra muestra fe actividad industrial. Hay mucho eucalipto y vemos, con estupor, como una máquina relativamente pequeña, suspendida de un brazo-grúa, es capaz de cortar, descortezar y trocear un árbol tras otro en un tiempo récord. El área desarbolada volverá a repoblarse para alimentar a las fábricas de celulosa.

Llegamos, por fin, a Santiago por una zona muy poco degradada salvo por la presencia de la autovía. Entramos en el casco urbano por la bonita "rua do Sar" calle empedrada con casas de piedra de baja altura y enjalbegadas en parte. Al final de la calle pasamos las vías del tren y después de un último repecho llegamos a la pensión, habitación con baño propio, que es el primer homenaje que nos damos después de semanas de albergues con todo compartido. Aseo; cambio de ropa y ¡a la calle! Pues no hay tiempo que perder. Subimos por la Rúa Franco, llena de restaurantes, camino del siguiente homenaje. El cual nos lo dimos en la taberna "El Gato Negro" que mantiene año tras año una calidad en la elaboración y selección de sus productos que es refrendada por el mucho público que acude al local. El trato del dueño y del personal es estupendo y en quince minutos teníamos mesa. Entre otras cosas comimos un "pulpo a feira" como hacía tiempo que no lo comía. Por el tamaño de las piezas y el sabor me pareció que estábamos ante auténtico pulpo de las rías gallegas lo que me confirmó la amable camarera que nos atendía. A estas alturas del día Marisa ya estaba más que extrañada por la frialdad de mi estado de ánimo y así me lo manifestó. Como mínimo yo me sentía aliviado. Después de comer y armados de nuestras multiselladas credenciales nos dirigimos a la Plaza del Obradoiro por la Rúa Franco. Según avanzaba empecé a sentir que algo se me aflojaba por dentro y algo así como una ola de emociones empezó a subir desde mis tripas, inflamando mi pecho y para cuando ya pude ver el lateral de una de las torres de la fachada de la catedral, la ola ya salía por mis ojos en forma de lágrimas que no quise, de ninguna forma, detener. Me dejé llorar antes de seguir avanzando. Cuando, con la tierna ayuda de Marisa, pude tranquilizarme, proseguimos hacia la Plaza que estaba llena: mochileros sentados en el suelo; turistas haciendo fotos; transeúntes; peregrinos solitarios...Delante de las impresionantes fachada y torres barrocas de la gran catedral volví a llorar, sólo un poco. Seguramente habría llorado también delante de un palo con un cartel que pusiera META, pero la magnificencia del escenario creo que es un añadido emocional de primer orden. Nos quedamos allí paseando la mirada por la plaza. Vi a un joven que conducía a pie su primitiva bicicleta, por los morrales que esta cargaba era fácil reconocer en el hombre a un peregrino. Se paró delante de la catedral; inclinó la cabeza y se puso a llorar; depositó con mucho cuidado su obsoleta bicicleta en el suelo; se sentó y apoyando su cabeza en los brazos siguió llorando. Me acerqué a él y toqué su hombro, lo mismo hizo una señora que se acercó - ¡Ya está, ya has llegado! - le dije y me separé de él, al igual que la señora, pues sabíamos que ese llanto era suyo. Me sentí muy cerca de ese chico; imaginé el esfuerzo diario; el pedalear bajo el sol, la lluvia, sobre barrizales y charcos; la subida de esas cuestas llenas de piedras; la lucha contra el dolor y el desánimo y todo con una bicicleta de las que ya no se ven.

Salimos de la Plaza camino de la Oficina de Atención al Peregrino donde obtuvimos la "Compostela" como prueba de nuestro Camino. Hay dos “Compostelas”: una de motivos espirituales y otra de motivos deportivos, yo aduje motivos deportivos y tuve que insistir pues el buen funcionario, que me la preparaba, insistía en preguntarme si en algún momento del viaje había tenido algún sentimiento espiritual.

Han sido 20 kms

Día 27: temprano, por la mañana, hemos tomado el tren a Madrid. Hasta Requejo de Sanabria el tren recorre en sentido contrario el Camino Sanabrés. A través de la ventana veo pasar parte del camino recorrido. Creo ver una silueta chepuda, familiar: un punto diminuto en medio del extenso territorio. Hice el Camino para demostrarme a mí mismo que era capaz de hacerlo a mi edad: ha sido duro, más de lo que imaginé. Hay personas que se ponen en el camino un año tras otro, me admiran, yo no voy a volver a hacerlo. Cuando, mirando por la ventana del vagón, recordaba todo el esfuerzo, realizado, tanto mental como físico me corría un escalofrío por el cuerpo.

Me siento muy agradecido con todos los amigos que han puesto un "me gusta" o comentado lo escrito en Facebook y dándome ánimos: ha sido muy importante y reconfortante para mi.

Me siento orgulloso de haberlo conseguido. He aprendido muchas cosas de mi país y de su gente. He disfrutado de sus paisajes, de su naturaleza.

También he disfrutado mucho escribiendo. Lo he hecho con humildad, pues conozco mis limitaciones, pero sin complejos. Tenemos, los hablantes en español, un idioma maravilloso que he intentado utilizar con todo el respeto y procurando usar correctamente la sintaxis y signos de puntuación pues sé que un uso correcto o incorrecto de estos elementos son la diferencia entre una lectura incómoda e incomprensible o una amena e inteligible.

Han sido 930 kms.

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