Colaboraciones externas

El paraíso existe

de María Hl (Sole Hidalgo).

En la fresca noche estival, arrebujados entre las sábanas, arrobados por la emoción; en unas horas clareará. En esta mañana de finales del mes de julio y al alba, con el cacareo vecino del gallo y el vago aullido de algún perro saldremos con las primeras luces, al despuntar el día, entusiasmados con el itinerario de la excursión programada. Atravesamos el pequeño pueblo adormecido. Los cerros del monte y sus lomas se desadormecen y animan con el ajetreo de nuestros pasos. Nos gratifican con la olorosa fragancia de cardones, tabaibas, el cercano trino del alcairón y el espejismo del luminoso cromatismo de la aurora.


Ya, pues, en el extramuro de la pequeña localidad, avanzamos para luego adentrarnos en sus lomas y cerros y proseguir el rumbo del sendero escogido, deleitándonos con el frescor del relente matutino y el vislumbre de las impresionantes panorámicas de sus espectaculares rincones, vinculados con la memoria y huella de mis ancestros. Continuamos por el declive de una vereda abrupta y angosta. Desde la elevación de su risco se divisa la visión de una pintura que impresiona y estremece los sentidos por lo sobrecogedor de su dantesca belleza, ya por siempre clavada en mi retina, acentuado su mágico encanto con el amanecer del día, como si tuviera recién unos minutos de imaginado y engendrado por los dioses.
Más allá del morro de los peñascos, en los despeñaderos de sus umbríos abismos, se prolonga la vastedad e inmensidad de la angostura de la cuenca del barranco, salteado de depresiones y socavones con abundante pedregal de lajas, cascajos y roquedos. Flanqueando el barranco, en las proximidades de su garganta, tal un maravilloso milagro, hay enclavada una humilde casita abandonada, rodeada de una huerta de regadío, vestigio de un antaño del que se desatan nostalgias, como resultado de las evocaciones alegres del acontecer de los años de su existencia, plagada de fragancias. En sus inmediaciones, una cueva que tuvo en su momento el uso de despensa, cocina y hogar de jippys, su alpende para cobijo de los animales, el sobrecogedor barranco, imponente, escalofriante y monumental, donde en tiempo de lluvias abundantes se desmanda el agua de su canal y de las escorrentías de los declives de su vertiente, anegando sus alrededores. Está constituido su socavón por la alineación de peñascos gigantes y de más tamaños, generando estos un aluvión de arroyuelos y remansos de cristalinas aguas cuando se aplaca el aguacero del temporal.
Acude a mi mente el eco de la historia de aquel niño del pueblo cercano, cuando lo acorraló la oscuridad de la noche, aguardando por el favor y protección de su pariente, que no se personó. Quedándose solo, rodeado por la oscura penumbra de estos desolados andurriales, bajo el único amparo y resguardo del abrigo de esta casita, sin más auxilio que los aullidos de las lóbregas sombras nocturnas y el hambre de su alma, donde el ser corajudo era la única ficha que le quedaba por apostar...
Reanudamos la marcha, tomando un atajo barranco abajo, bordeándolo. Cualquiera puede desorientarse y extraviarse en las brechas de su garganta, surcada de aristas y resaltes. Únicamente el caminante hábil y mañoso sabe que senderos tomar para marchar del área de su monte y huir de su odisea.
Subimos por las empinadas laderas, por su vertiente más abrupta, aprovechando una bifurcación del terreno. Desde el nivel de nuestra ubicación, admiramos la tempestuosa belleza del paisaje, rodeado de la grandiosidad de sus cañadas y moles solidificadas, como si de una tempestad petrificada se tratase.


Continuamos pateando y ascendiendo unos kilómetros más hasta llegar al pueblo vecino, rodeado de su gigantesca y monumental presa, nutrida de leyendas, donde lo imponente de su pintura y lo exiguo del número de sus habitantes, lo bautizan como un espacio de gran encanto y esplendor...

 Anastasia Beunza, Buenos Aires,Argentina. Pintora, poeta y Arquitecto por la Universidad de Buenos Aires. Cursa ahora la carrera de Psicología en la Universidad de Palermo.
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