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DESPISTE

Sin razón aparente que lo justificara, el autor apartó la vista de la pantalla y se puso a mirar a las musarañas. Luego corrigió la posición de la silla giratoria y miró a través de la ventana. Era de noche, pero aún permaneció un buen rato abstraído. De pronto, apagó el ordenador y se puso de pie. Fue al baño y se lavo la boca con mucho cuidado y después se perfumó las axilas y el cuello con un pulverizador que encontró en el estante. Por fin, marchó excitado al dormitorio luciendo una sonrisa que le iluminaba la cara.

Al llegar a la estancia encontró la cama vacía. Entonces recordó que su última compañera le había abandonado siete meses atrás para formar pareja con otro hombre.


© Javier Figuero


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Foto: © teomoreno.com


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