EL PATRIARCA FIDEL

Lástima que, desde su atalaya de moribundo, Fidel Castro no cuente lo que ve ya del lado de la historia. Nonagenario de estreno, quizá sea supersticioso y piense que mientras hay pellejo hay esperanza o no está convencido de que allí se le absolverá. Reliquia entre los grandes dictadores socialistas anteriores a la caída de la URSS, la pervivencia numantina de su régimen sufre con él de ancianidad. Fidel, que liberó a Cuba de la humillación de Estados Unidos, humilló su libertad y, si un día encandiló a la intelectualidad y el gauchismo de Occidente, no le quedan otras loas que las sospechosas de miedo o beneficio. Gracias a Omar Torrijos, garante por entonces del régimen panameño que había presidido y evolucionaba a su antojo, llegué a tener una cita con Fidel, pero un acontecimiento coyuntural acabó con mi expectativa de periodista tras un tiempo de espera en La Habana, maravillosa ciudad para dejar pasar el tiempo. Me hubiera encantado conocerle. Era mucho antes de su otoño y ya solo me cabe imaginar el definitivo en el que su amigo García Márquez dedicaría a los patriarcas latinoamericanos. Los patriarcas florecen en las ideologías más antagónicas, pero, curiosamente. acaban por parecerse.


© Javier Figuero

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Foto: © Adán Pucel


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