LAS ORQUIDEAS

09.09.2016

     Se unieron convencidos de que estaban hechos el uno para el otro. Sus discusiones eran diarias y la antinomia de los gustos se evidenciaba cada día en toda su crueldad: griterío salvaje, violentas peleas, mordiscos, insultos, arañazos... A Simón le gustaba la música clásica y Charo se dormía en los conciertos. Ella disfrutaba en los museos y leía a Joyce y a él la creación plástica apenas le emocionaba, mientras alababa con deleite la simpleza estilística de la prosa de Lowry. Simón era un cinefilo, Charo adoraba el teatro. A él le gustaba pasar las vacaciones en la Laponia finlandesa y le pirriaban las ostras de Arcachon , ella era de veranear en Ibiza y de picar canapés de sobrasada

 

a media tarde. Por fin, un día se plantearon la separación. De ahí en adelante cada uno seguiría su propio curso. Y es que habían descubierto que a ambos les gustaban las orquídeas y temieron que aquello fuera el principio de una convivencia tediosa cimentada precisamente en el acuerdo.

 

© Javier Figuero

 

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Foto: Gerhard Katterbauer

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