LOS GURUS DE LOS MÍOS

14.11.2016

     En mi círculo de Facebook, los tres escritores desaparecidos más citados son Charles Bukowski, Alejandra Pizarnik y Albert Camus. Un inmoral, una amoral y un moralista. La actualidad de alguno de estos autores no deja de sorprenderme y me apetece comentarla brevemente.

 

     Leí joven a Bukowski (primeras traducciones en Anagrama: La máquina de follar, Erecciones y eyaculaciones...). Su literatura era un cóctel de cutrez, alcohol, sexo y vocabulario soez, una superación del desarraigo de Henry Miller o Céline y una regresión en la calidad de prosa e imaginación. En la frontera más irrelevante de los beat y antibelicistas pasivos norteamericanos (guerra de Vietnam), su nombre hizo fortuna en los ambientes de la progresía acomodada occidental, siempre dispuesta a todo lo que parezca novedoso. El crítico Neil Baldwin desveló su receta: "Tomar una porción de Hemingway, pequeña dosis de humor, varios litros de vino barato y un diccionario de vulgaridades". Con ella ensayan hoy sus armas literarias en la Red los nietos españoles de Bukowski para contarnos sus masturbaciones, su forma de agarrarse entre sí por los genitales o de meterse el dedo en el culo (sic). Con tan alta batería temática, en sus delirios acariciarían el sueño de financiarlos epatando a la burguesía. Su error: a la burguesía el vino barato ya no le resulta novedoso.

 

     De La Pizarnik lo desconocía casi todo, hasta que hace un par de semanas, instado por las citas y reproducciones de sus poemas en la Red, decidí secar la laguna. Antes de entrar en su obra poética, estoy metido en el volumen de 1100 páginas de sus "Diarios", publicado por Lumen. Necesitado de descansar su lectura en otros libros, carezco aún de opinión sería sobre la argentina, que a veces me oprime en exceso con el pesimismo propio del creador que se suicidó mucho antes de suicidarse. Y, mientras leo, escucho el tango: "El mundo fue y será una porquería, ya lo sé...".

 

     Hacia Albert Camus no puedo ser indiferente. Estudié su vida y su obra y dejé conocimientos y opinión en el libro Albert Camus, exaltación de España, que publiqué con la editorial Planeta, inmediatamente traducido al francés. Nuestro país tiene una deuda con el creador que dudo satisfaga nunca. Francés de Argelia, criado con su familia materna originaria de Menorca, sintió pronto la influencia en su obra de la literatura en castellano y se concienció políticamente con nuestra guerra civil. Vinculado sentimentalmente a la española María Casares, la gran dama del teatro francés de la segunda mitad del siglo XX, su labor a favor de la España republicana y del exilio fue incansable. Distanciado de la intelectualidad francesa por su posición ante el conflicto independentista de Argelia, se refugió en los libertarios españoles, de los que aceptó el único homenaje tras la obtención del Nobel de Literatura. Guardo una primera edición francesa del discurso da aceptación y de El extranjero y las releo con frecuencia. Pese a sus limitaciones filosóficas y a aquella terrible frase pronunciada en Estocolmo ("Entre la Justicia y mi madre, escojo a mi madre"), Camus sigue siendo un referente moral para las generaciones actuales. Lo es para mí.

 

Foto: Albert Camus y María Casares. Del libro "Albert Camus, exaltación de España",

 

© Javier Figuero. 

 

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