DESPERTAR

Como estaba proyectado, el despertador sonó a la siete de la mañana, pero él lo desactivó y permaneció boca arriba en la cama con los ojos abiertos para encontrar las fuerzas que lo animaran a levantarse. Sintió el calor de ella y, cuando se acurrucó a su lado, no pudo evitar un estremecimiento de placer. Desnudos los dos, acomodó su cuerpo al de la pareja, aunque hubo de doblarse ligeramente para que los glúteos de la mujer encajaran con sus ancas y retirarse el sexo hacia un lado, para no dañarse. Aquello era el colmo del bienestar y, un día más, olvidó su compromiso con el editor de entregar el libro en un plazo concreto.


Despertaron cuando la luz del día inundaba la habitación. Ella se removió para ir al baño y, al apreciar el esplendor de su culo, él reafirmó su cariño, que no tenía resquicio. Indefenso ante el frío de la mañana, consideró una desgracia que no la hubiesen conocido muchos otros escritores, que, para bien de la literatura universal, nos hubieran ahorrado otros tantos libros.

© Javier Figuero

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Foto: Olga Zavershinskaya

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