LA PUÑETERA MUELA

He tenido un problema con una muela del juicio residual, también llamado flemón, y la desgracia me ha llevado a reflexionar sobre la indefensión del ser humano. Uno le coge vicio a pensar y no se detiene ante nada. Pero, veamos el lado positivo: Estos males atacan a traición, inesperadamente, y conviene estar preparado. Si en análogo padecimiento, alguien quiere proteger el penoso ejercicio que deriva de la circunstancia, le dejo el decálogo de incapacidades que he constatado en la experiencia:


1. No pude tañer el violín. Cierto que, como yo no lo sabía tañer, he llevado la limitación con dignidad. 2. Me vi obligado a prescindir de la máscara que traje de los pasados carnavales de Venecia. La usaba con admiradoras en citas galantes y discretas. El pasamontañas resultaría tosco. Mejor no volverle la cara al buen gusto. 3. Aparqué las burlas gestuales a los independentistas catalanes cuando los veía por la tele. Confieso que intenté mantener la costumbre, pero, con aquel bulto en la cara, me vi tan ridículo como ellos cuando se toman en serio. 4. Bailar cheek to cheek e invertir posición con mi pareja resultó una tortura. Bueno, incluso con la pareja de otro. 5. Los gritos de “¡abajo las iglesias!” y “¡viva la República!” se perdían por las oquedades de mi paladar y mi voz parecía la del emérito, lo cual no era el efecto deseado. A veces es mejor callar, que parecer un sopas. 6. Poner el oído en tierra para saber si venía el Séptimo de Caballería acabó con mis fuerzas. Con las tropas preparadas, Trump podría actuar con total impunidad. 7. Los representantes del sexo apetecido, tuvieron estrictamente prohibido comerme la carrillada. Por fortuna, tengo el peroné mucho más sabroso. 8. Escuchar a través de las paredes cuando los vecinos hacían el amor me hizo ver las estrellas. Ocurrió lo mismo con el desamor. 9. Hice el firme propósito de no aceptar cargos de coalición en la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. Pudiera creerse epidemia, su presidente parece tener un flemón en cada lado de la cara o mucha cara. 10. Y, hay que evitar morir en el trance. A los hombres importantes nos suelen hacer la máscara facial mortuoria. ¡La eternidad no debería hacerme tamaña faena!


© Javier Figuero facebook.com/javier.figuero.autor/ Foto: © Adán Pucel

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