VERGÜENZA/ VERGONYA

Rajoy no oyó las imprecaciones que los independentistas catalanes dedicaron el pasado sábado en la manifestación de Barcelona a los representantes de las altas instituciones españolas, entre las que cuenta. No calificaré las mismas porque temo encontrar razones para el acuerdo en aquella aglomeración sin comunión que tuvo más de esperpento que de homenaje a las víctimas o de toma de posición frente al terrorista yihadista organizado. Rajoy no oyó las imprecaciones y así lo ha confesado con ese gesto de pretendida ironía inteligente con que acostumbra a vestir sus insoportables simplezas. Nada sorprendente, los reiterados insultos lanzados desde los círculos de poder de Cataluña a España y los españoles desde meses atrás los vive como los tres monos de la mística japonesa, el que no ve, el que no oye y el que no habla; todos en uno, le sobra capacidad para hacer el mono, quizá la tenga hasta para decirnos el 1 de octubre que no se ha enterado que Cataluña se declara independiente, después de celebrado el referéndum secesionista que sigue negando cada vez con menor autoridad, no es este un atributo propio del suborden de los simios. Fuera de España la salud auditiva es menos discutible. Cumplida la manifestación del sábado, vi algunos informativos europeos por televisión. Las banderas independentista tras la cabeza política de la misma eran imágenes recurrentes. En una algarada contra nadie, ni siquiera contra el DAES, bajo un lema defensivo que hará reír a los asesinos en espera de turno, con los partidos políticos en perfecta discordia que algunos vergonzantes califican de "unión", con los distintos cuerpos de policía enfrentados, el independentismo que secuestra la alta administración catalana en alianza espuria, no ha tenido inconveniente en sacar tajada de la carroña. Los muertos han resultado la mejor campaña publicitaria para sus intereses y, en una burla incalificable para con ellos, Puigdemont ha hecho declaraciones a cuantos medios extranjeros quisieron escucharlas para airear el proceso secesionista, en la esperanza de que algún país, además de la Venezuela de Maduro, baile la sardana con el que cree el suyo. He ido al traductor de Google para saber cómo se dice "vergüenza" en catalán". Se dice "vergonya". Conviene retener ambos términos. Bueno, no me refiero a Rajoy que ya se sabe que es ciego, mudo y sordo, el pobrecito.

(C) javierfiguero.com

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