LA GRAN REPRESENTACIÓN

El estreno se acerca, llega el día de la gran representación, aquí va mi programa de mano para identificar a los personajes de la obra; puede que les sirva, pero habrá otros tanto o más útiles. Recuerden, eso sí, que "un buen actor es un hombre que ofrece tan real la mentira que todos participan en ella" (Vittorio Gassman). En fin, ocupen las butacas, se alza el telón.


RAJOY: ha fracasado estrepitosamente en la gestión de la crisis catalana. Tardó en dimensionar el problema y, cuando quiso reducirlo al referéndum de autodeterminación, sacó pecho para negarlo, pero apenas lo dificultó. A su vera, un patético ministro del Interior no diseñado para el embrollo. He leído que el mayor desarraigo de Zoido al sustituir Sevilla por Madrid fue la cerveza Cruz Campo, y es que hay hombres a los que se les exige demasiado. El desastre ha sido inapelable. El servicio de inteligencia para controlar sedes y material del referéndum firmó un esperpento. Se pecó de cobardía frente a mossos y administraciones educativas y municipales. Sin infraestructura de alojamientos protegidos de agitadores, la indefensión en que se dejó a las fuerzas de seguridad desplazadas a Cataluña resulta dolorosa. Mal dirigidas, entregaron con su actuación las fotos que la Generalitat buscaba en su intento desesperado por internacionalizar el conflicto. Lejos de articular un discurso creíble, el presidente de Gobierno dio la cara tarde y superado. Y, para completar calificaciones, cero en el manejo de la imagen de España en el exterior, merecedora de mejor diplomacia. No va más, Rajoy tiene que buscar la oportunidad de pactar su salida de la Moncloa sin que el vacío de poder de ventaja a los golpistas de la Generalitat.


SÁNCHEZ: sigue torturado por lo que quisiera ser y lo que puede ser. No acaba de advertir que lo de Cataluña es una crisis de Estado y no de gobierno y que, si no se resuelve aquella, su logro, aun con esto, estaría envenenado porque gobernaría sobre ruinas. Pese a algunos de sus barones y la mayoría de sus mayores, sus contrasentidos le convierten en el eslabón débil del bloque constitucionalista y frena la aplicación del 155 bajo pretexto de negociación con Puigdemont, aunque sabe bien que al catalán solo le conforma la quiebra de la legalidad. Sánchez es la duda, y es muy posible que su decisión más firme llegue con la función terminada.


IGLESIAS: es un arcano para mi. Antes que un líder para España, parece un empleado de la Colau, demagoga populista con más conchas que un galápago, como se vio el 1 de octubre. Madre reciente, cuando la he visto con el carrito de bebé, me ha dado por sospechar que, dentro del mismo, estaba en realidad el de Podemos jugando con su peluche, el secretario de lo que quizá aún se llame Izquierda Unida. La nana es "derecho a decidir" para todos", pero también lo llaman "negociación" o "más democracia". Términos de coyuntura para la vieja teoría de acelerar el caos del sistema liberal para ocupar el espacio. ¿Con qué? No queda claro, la Colau tiene muchas conchas.


RIVERA: nunca me gustaron los accidentalistas y hay episodios dudosos en su biografía política. Con todo, en la crisis de Cataluña hace la única propuesta realista: el 155 para convocar elecciones allí, la sola manera de conocer la verdadera fuerza política del independentismo dando cauce a la mayoría silenciosa, asustadiza frente a los matones de la calle.


PUIGDEMONT: es un iluminado con amiguetes iluminados, curillas integristas bendiciéndole y agitadores de carrera licenciados en las calles por los doctores de la CUP a su servicio. Todo vale para cruzar el río: la manipulación de las masas para llevarlas a establecer escudos en las calles con menores y ancianos, la de imágenes en la actuación de las Fuerzas Armadas del Estado bajo mandato judicial, la sobredimensión del número de afectados y sus males, y, más allá, la ocultación a sus gobernados de las verdaderas consecuencias económicas, políticas y sociales de la independencia. Desde un muy probable corralito al aislamiento, al menos temporal, en los foros supranacionales o la pérdida de la nacionalidad española que Puigdemont promete mantener a su propio riesgo en una Cataluña independiente.


EL REY. Soy republicano y antes de su pronunciamiento televisado del pasado martes temí que volviera a "juntos somos mucho más que solos". Me equivoqué, su exigencia al ejecutivo para que se cumplan las leyes fue impecable.


En fin, empecé con una cita sobre el espectáculo escénico, acabo con otra: "He disfrutado mucho con esta obra de teatro. Especialmente en el descanso" (Groucho Marx).

© Javier Figuero

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