La Guerra

Tardarán en curarse mis heridas

que han dejado tus uñas en mi rostro,

el dolor de huevos provocado

por ese rodillazo que me diste,

feliz de sorprenderme despistado.

La guerra es como es, no he de

dramatizar, pero me costará

tres puntos al menos de sutura

el mordisco animal que forzaste

en mi oreja, rabiosa hija de perra.

De tus daños no hablo, pues

temo a tus amigas feministas y a esa

cursi letrada que os asiste y hace

maltratadores de nosotros las víctimas.

Soez, como tu eres, llevaste a tu

lengua a mis mayores, que descansan,

los pobres, en el cielo. Y yo hablé

de tu padre, el gran cornudo.

Mas, confieso que nada me afrentó

como esos insultos que lanzaste

a mi patria: “fascista, represora…”;

y dije, de la tuya: “inquisidora y nazi…”.

Era la línea roja que dejamos atrás,

indignos, sin respeto, asqueados de todo…

Así nos abrazamos e hicimos el amor.

Cantaste Els Segadors con el orgasmo y yo

“El Toreador” de la ópera Carmen con el mío.

Fue la gran convulsión de nuestras vidas.

La rompí bruscamente, la sangre que

manaba de mi oreja era muy escandalosa…

Me dijiste al marcharme: “Te quiero”. Yo te

dije “te quiero” mientras me iba. Y, en los

días siguientes peleamos de nuevo

con todas nuestras ganas.

© javierfiguero.com

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Foto: © teomoreno.com

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