NOTAS SOBRE PUIGDEMONT

05.11.2017

1) Valoro como buena para los constitucionalistas la noticia de que Puigdemont encabezará la lista de su partido, y quizá de la coalición soberanista, para las próximas elecciones autonómicas en Cataluña. Pertenezco a la generación que de niño veía en los cines aquellas películas en que el capitán era el último en abandonar el barco en peligro. Yo me avergonzaría de un líder que ha huido con las ratas mientras pedía a la tripulación que aguantara la causa.

 

2) Si Puigdemont soñaba de nuevo con internacionalizar el proceso y movilizar al mundo, parece que no lo ha conseguido. Si pretendía escapar de la justicia española, parece difícil a día de hoy que lo consiga. Ver las imágenes de su deambular por Bruselas con las manos en los bolsillos del abrigo y la cabeza baja de estratega sin estrategia, induce a la lastima, lo último que puede sugerir la imagen de un líder. Dan ganas de invitarle a un guiso calentito en casa.

 

3) Me preocupa los gastos que afronta Puigdemont con su excursión al país centroeuropeo: hoteles, abogado, salas para las ruedas de prensa, mejillones y patatas fritas... Se sabe que muchos de sus correligionarios se lo han estado llevando crudo, pero todos sabemos también que los catalanes se pagan lo suyo en cada ronda. Por el momento no hay estimaciones de lo que se sacó del cepillo mientras operaba de sacerdote en la misa catalana con Junqueras de monaguillo, ese que es "muy creyente", pero no dudo que se sabrá pronto. En fin, que tampoco hay que descartar que Puigdemont saltara el primero del barco para largarse con el botín.

 

4) Al poco de llegar a Bruselas, corrió por los WhatsApps de Europa la noticia, aún no confirmada, de que las empresas radicadas en Bélgica trasladaban su sede fuera del país. Puigdemont tiene ya sobre si ese tufo de gafe que tanto asusta a los españoles y, me consta, que a los catalanes. Si volviera a la Generalitat, nada me extrañaría que una plaga desconocida arrasara con la cosecha de calsots.

 

5) Confieso que Puigdemont me inspira cierta ternura, veo  indefensión en su vagar solitario que provoca mi lado solidario. Ya sé que podía simplificar mi razonamiento aludiendo al "síndrome de Estocolmo", pero prefiero contar las cosas a mi modo. Naturalmente, le culpo de provocar una herida a España, pero este país está lleno de cicatrices y de heridas y el tiempo lo cura todo. Sus insultos carecen de sutileza, de inteligencia, parecen exudados de las monchetas. No sueño con la ley del Talión para él y los suyos. Es más, nunca hubo un Nacimiento en mi casa, pero no descartó poner uno este año por Navidades con Puigdemont de caganer en el pesebre y la mula y la vaca alrededor. Por cierto, creo recordar que eran estos los animales convocados en Belén. La verdad, no estoy seguro…

 

© Javier Figuero

 

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Foto: © teomoreno.com

 

 

 

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