EXPANSIONISMO AMARILLO

He perdido el tren, absorto ante el grafiti

que veo en la pared de un edificio urbano

cercano a la estación,

el que yo mismo he escrito poco antes

en el amparo del amanecer:

“Estoy hasta los huevos”, leo ahí, “de que

el jamón de Jabugo se lo coman los chinos”.

Y es que, amor, rememoro aún las noches en que,

cada cópula, nos la premiábamos en tu cama

con unas lascas de eso y unas copas de amontillado.

Temeroso del expansionismo consumista amarillo,

he querido conseguir cien gramos en el mercado negro

para llevarlo hasta tu casa de la España profunda,

pero, el que me ofrecían, no estaba bien curado.

Créeme, amor, yo soy un hombre solidario

y valoro tu amplitud de miras cuando distingues

por igual al fondista subsahariano, al indito

boliviano, al hooligan ucranio o a mí mismo,

entre otros hombres que te alegramos la vida.

Pero, tu última experiencia con el acupunturista

pekinés de la aldea, encendió mis alarmas.

Al parecer, fue inevitable que me evocaras

cuando, después de amarte,

te ofreció esos canapés del embutido

que prefieres y me citas en tu WhatsApp.

¡No hay quien los pare!.. Ni los muros de hormigón, las

alambradas con concertinas ni las tasas a la importación.

El mundo cambia a una velocidad que no controlo.

Y, si el cura de la parroquia vuelve a traerme este año

la hucha de cabeza de chino para la cuestación del

Domund, lo mando, sin más, a tomar por el culo.

© Javier Figuero

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Foto: © teomoreno.com

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