LA DEHESA ESPAÑOLA

1. No aconsejaría a Casado abstenerse en la investidura de Sánchez, como le pide; debería votar a su favor. Líder cuya aplastante mediocridad han percibido los españoles, a su decir en las urnas, el del PP podría así parecer un estadista, cosas más difíciles se han visto. Acordados asuntos de Estado con el socialista, evitaría una compleja situación en España, sin que le faltara oportunidad de hacer oposición a su margen. Servicio y protagonismo; vía para el reconocimiento del que carece. La fábula de la hormiga no le funcionará y es aburrida. Mejor probar la de “El príncipe valiente”. 2. Rivera ha decidido suicidarse políticamente, cada vez se le ve más amarillo (con perdón por el color) y no es la gastroenteritis; más comprometido con la derecha radical, y no es nuevo (ver hemerotecas). Negarse a escuchar al único candidato posible a la Moncloa por mor de las urnas es aberración y le dejará consecuencia (¿de verdad sus votos lo fueron por la intransigencia?): es fácil predecir más deserciones en su grupo, porque, aunque haya leído otros cuentos, son pocos los navegantes dispuestos a perecer en el naufragio cuando se ahoga el capitán. 3. Iglesias es un extra de la política, como lo fue en ese episodio televisivo de Arturo Fernández donde se le contrató por tener el pelo largo. Quizá a aquello llegara por lo mismo; nuevos tiempos, nuevas estéticas. Cada vez más contestado por la tropa, le llega el momento de pedir el reingreso como profesor de Ciencias Políticas. No creo que sea ministro con Sánchez, porque la suya es una idea disolvente de España que nadie podría conciliar desde el ejecutivo con los poderes que la conforman. El populismo que lo elevó periclita en el mundo (Tsipras, Maduro...) y los más lúcidos de sus compañeros buscan soluciones a su margen. Es caballo perdedor.

4. Abascal es una Cenicienta. Ha ido al baile porque se han distraído los amos, pero la hora que da fin a su fiesta llegaría con la convocatoria de elecciones, sea cual sea el alcance. La espectacular aparición de los suyos en los legislativos ha acabado por desquiciarlos, incordian sin que logren pasar por otra cosa que por incordiantes; los insultos como único capital político es pobre bagaje en el mar proceloso de la causa pública.


5. Si otros opositores lo desearían, Sánchez devuelve el retrato más fiel del desaparecido Adolfo Suarez. El arrojo de este para deshacer el franquismo institucional y la de aquel para hacerlo con el postfranquismo renuente; la limitación de uno y otro para domesticar a sus pares y construir el nuevo marco… Suarez nunca controló a los entonces llamados “barones”, deseosos de protagonismo, y Sánchez convive con una descentralización del partido pareja a la del Estado que crea liderzuelos de Taifas, tentados a ser ombligo antes que miembro. Cuando la derecha le pide consecuencia entre lo que reclama en Madrid y lo que da en Navarra, Cataluña o ciertas autonomías, no debería ignorar que su control en ellas es definitivamente laxo.


6. Su propia realidad. Casado no controla al PP vasco y la sangría de sorayistas está lejos de sanar. Caudillo vocacional, Rivera ha tentado hasta el “pucherazo” para favorecer candidatos contra la base (Segovia), pero se le desmadra el chiringuito sin remedio. En VOX el desviacionismo, como en el gulag, lleva al cuestionamiento de la salud mental (juez Serrano). En cuanto a Iglesias, entiendo que no controla ni su barrio (vergonzoso lo de la Rioja). Se mire donde se mire, aparecen líderes sin carisma conformados con el vestuario de la Señorita Pepis, intercambiables con los que acechan sus sillones. La España vacía no es solo geografía, busquemos en las cabezas.


7. En mayo de 2017, en pleno descrédito de los partidos tradicionales de derecha, izquierda y sus extremos, Emmanuel Macron sacó a Francia de la parálisis imponiendo su candidatura a la presidencia de la República con un movimiento político de centro ideado apenas un año antes. La actual situación española presenta ese diagnóstico, pero el sistema de votación a una única vuelta con compensación territorial y de las minorías imposibilitaría aquí la consecución del modelo. Con la característica inestabilidad social en tiempos de mudanza, el Macron surgido de filas socialistas, rige desde entonces el país galo con un primer ministro de derechas, suerte particular de coalición ideológica que aísla a los radicales y que, en otros países de Europa se resuelve con alianzas parlamentarias para dar continuidad a la gobernación, cuando encalla. Encerrados en un laberinto normativo materializado en el Congreso, se representa aquí el padecimiento del candidato a la Moncloa, como sucedía en la Edad Media (y no en la Grecia clásica) con los que engrandecían la pasión del Cristo, de manera que viene haciéndose común que aquel cuelgue finalmente de la cruz (Rajoy en enero del 2016; Sánchez, tal vez ahora). La necesidad de reformar la Ley electoral y la Constitución es perentoria, pero nadie se atreve con el muerto, no fuera a ser que se cabreen los independentistas, que no dejan sin embargo de joder la marrana.


8. Ellos que encumbraron a Sánchez para corregir la anterior legislatura, la acabaron cuando les convino mostrarle su cara acreedora. El socialista no puede ignorar ya que reconducirles hacia la causa colectiva de España es imposible y que aceptar el queso que vuelven a ponerle en la trampa para mantenerle en la Moncloa está envenenado. La proximidad de la sentencia del “procés” les hace más peligrosos como compañeros de viaje, si bien sus diferencias internas y disputas por el protagonismo, les amansa considerablemente; en esto no se diferencian del resto de españoles. La política solo puede servir ya para restarles adeptos y aislarles en el plano internacional, asuntos determinantes en los que no se avanza durmiendo con el enemigo; el resto es asunto de jueces.


9. El ciclo histórico no da buenas cosechas de políticos en España (Cataluña incluida, o peor aún), lo cual es todo menos insólito. ¡Qué asco de gente, son incapaces, aburridos, ególatras de pensamiento débil! Como pasa ahora con los hombres que hace 50 años llegaron a la luna, dentro de algunos se sabrá lo que defecan estos tipos, pero ni siquiera su porquería dará razón de la sinrazón. 10. “Arriba, abajo/ mandaremos al rey al carajo;/ abajo, arriba/ no queremos a la monarquía”. Esta jota cantada en fiestas populares ha motivado la intervención de la Guardia Civil y la posible investigación de los intérpretes. Mi condición de republicano confeso lastrará el cuestionamiento al respecto, pero ¿no parecería más justificado, desde la defensa de la alta representación del Estado, que fueran los joteros al Congreso y los congresistas a explicarles a los jueces su proceder extorsionista con la gobernanza, diría incluso que delictivo? En fin, que la dehesa de la política patria goza de buena salud.

© Javier Figuero

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