JOC DE CARTES

11.01.2020

Las estaciones frías suelen traer a las cines películas que acostumbro a seguir. Ya me he aburrido con “El irlandés” de Scorsese, he disfrutado con “El oficial y el espía” de Polanski y me he maravillado con “Los miserables” de Ladj Ly (no confundir con las interesantes versiones de la obra de Victor Hugo). Pero tengo gran frustración por no poder asistir al estreno y desarrollo de la mesa de negociación entre el gobierno de Sánchez y los independentistas catalanes que lo permitieron con su abstención. He ahí la promesa del mejor cine de la temporada; me muerdo las uñas de la emoción, daría lo que fuera por verlo; la inocencia, incluso. Porque me sobra de eso, veréis…

 

Luego de la reciente publicación en esta Red y en mi página web ( javierfiguero.com ) de mi reflexión “Aeropuerto Pedro Sánchez”, donde establecía un cierto paralelismo entre las figuras de Adolfo Suárez y el actual líder socialista tras la sesión parlamentaria que invistió a este y la consideración de los decisivos momentos que les correspondió o corresponde gobernar, he recibido comentarios (en el Muro y privados) de lectores que, siempre respetuosos, se resisten  a aceptarlo o la hacen con demasiado matices; a mi entender, porque se niegan a considerarlo con el carácter proyectivo que requiere una acción de gobierno por desarrollar, frente a otra consumada. Reconocida la suya, Suárez ha quedado justamente ungido ante nuestra Historia, mientras, por suceder aún la de Sánchez, es demonizado por sus opositores y resta sospechoso para los no incondicionales, muchos de su propio partido.

 

El meollo de la cuestión, el nudo de la película que, por desgracia, no veré, está en la negociación con el independentismo, en cuya mesa sus representantes llevarán sin pestañear al tapete verde dos fichas de peso: el referéndum de autodeterminación y la amnistía de sus presos (…) Planos medios y cortos. Cruce de miradas con absoluto control de los meseteros y de los orbiculares labiales en los jugadores, sorbo de Vivhy Catalan para unos y de agua natural de Madrid para otros (los que seguimos a Scorsese sabemos que no hay que fiarse ni de la madre), sutil aleteo del piramidal en la nariz de alguno de los contendientes (…) Los constitucionalistas (o se les supone) acabarán por comprar el segundo envite, lo que deseo, como he manifestado muchas veces y por razones que he manifestado muchas veces. Pero queda la otra ficha sobre la mesa (…) Plano general, la tensión se palpa en el ambiente…

Como gran parte de los españoles, tras mostrarse escépticas ante la suerte de la negociación que se abrirá en unos días, algunas de mis inteligentes corresponsales (con mucho menos mérito que el de Sánchez, las mías lo son también en mayoría y por fortuna) no han dudado en echarme la mano al cuello (licencia estilística) para exigir que me pronuncie respecto al crédito que personalmente concedo a la negociación. Y yo, que amo el juego, como he dicho en otras ocasiones, no hago alharacas ante sus preguntas, pues he visto películas, leído novelas del asunto y me he sentado en alguna mesa del oficio con algún que otro político y muchos periodistas de buen hacer y relajado vivir, de lo que guardo copioso anecdotario, que nunca personalizaré, pero del que no descarto recuperar el ambiente por escrito. Así, que tampoco rehúyo la cuestión.

 

Para empezar, creo que este nacionalismo de aldea (catalán, español…) tiene una esperanza de vida muy corta. Por desgracia, fracasó aquella constitución europea que presentó, a requerimiento de Estrasburgo, el ex presidente francés Giscard d’Estaing y que hubiera convertido la actual Europa comunitaria en una supranación y concedido a sus habitantes la posibilidad de optar entre su nacionalidad de origen y la europea (yo no lo hubiera dudado), pero no tengo dudas que, más pronto que tarde e impulsada también por acontecimientos como el Brexit, se retomará la iniciativa, sin que quepa ya la idea del fracaso porque será su suerte definitiva. Pero, además, la altísima dependencia de la economía de Cataluña respecto al resto de España, con más de un millón de puestos de trabajo directos en la autonomía dependientes del resto de la península, al independentismo se le caería la careta ante una política desacomplejada de los constitucionalistas y de los líderes europeos, que no dudo se irá reafirmando, por lo que arriesgan en buena parte de los estados miembros. Recientemente leía en una entrevista la advertencia que el fugado catalán del procès, ya eurodiputado, Toni Comín hacía a los seguidores. Tenían que saber que, de alcanzar el empeño, se perderían muchos puestos de trabajo, ante lo que apelaba al espíritu de sacrificio. Pero, de verdad, ¿son conscientes estos de lo se les vendría encima? ¿hay en ellos “espíritu de sacrificio” tras la algarada cotidiana y la exhibición de las banderas con que se entretienen todavía?

 

En el Joc de Cartes por jugar, y contra lo que muchos creen, el gobierno de Sánchez, el de España, tiene cartas en la mano para contestar con eficacia cualquier escenario y prefiero no valorar el de la fuerza, en el que otros se sentirían más cómodos. El tema económico no está explorado y debe de resultar decisivo. Lo otro es lirismo, y no se considere broma por causa del antagonista. A los que nos gusta el juego, sabemos que el mayor de sus alicientes es “ganar” y, para eso, hay que ser oportuno y decidido. Luego hay otro aliciente, “la generosidad”, pero eso llega con el final de la partida. Generosidad con los “caballeros”, claro, no con quien, como a Torra, por su zafiedad y las groserías que dejó por escrito, deseo ver entre cerdos como uno de ellos y que le alcance, de paso, la peste porcina.

 

Sí, son tiempos para las grandes partidas, las grandes superproducciones del juego; tiempos como aquellos en que se decidía la autodestrucción de las Cortes franquistas, la legalización del PCE o la recuperación de la Generalitat, tiempos que gestaron la leyenda del Tahúr del Mississippi. Desde entonces nos hemos acostumbrado a entretenernos con la brisca y la playstation y ya todo nos viene grande.

 

Plano medio, luz cenital (…) “Aquí pasa, señores, / que me juego la muerte” (El juego en que andamos. Juan Gelman).

 

© Javier Figuero 

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Foto: © facebook.com/Teo.Moreno.fotografo/    

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