SIN DESAYUNO NADA SERÁ LO MISMO

Pew Research Center informó el pasado año de que, por primera vez, las redes sociales sobrepasaban en EEUU a los periódicos tradicionales en papel como vehículo informativo. Con otro dato: la franja de jóvenes menores de 25 años las utilizaba cuatro veces más a tal fin que los mayores de 65. Y me pregunto: ¿Morirá con estos la prensa impresa, que sufre por millares la pérdida diaria de lectores en todo el mundo?.. “Noticia de primera” (lenguaje periodístico) cuando suceda, como lo fue la desaparición de Pompeya, por más que, como entonces, nadie acuda a salvarla. Yo estoy muy cabreado, no acierto a desayunar sin tener los diarios al lado de la mermelada.


Conscientes, sin duda, de que van hacia una guerra desigual, los grandes rotativos del mundo airean los tumores de las redes sociales con la esperanza de reconvertir al rebaño que ha decidido pastar en otros prados. Mientras, hacen de su gran factótum, Mark Zuckerberg, el nuevo Atila que arrasa con la civilización. No es mal retrato: el tipo tiene cincuenta y cinco mil millones de dólares y, a sus 35 años, es la octava persona más rica del mundo, aunque su influencia es muy superior a lo que cabría deducir de ello. A Facebook se le equipara a un estado-nación, pues una cuarta parte de la población mundial utiliza su web al menos una vez por mes; con un laboratorio de conciencias capaz de hacer real lo que fue ficción; con un mercader implacable que nos vende a los usuarios al mejor postor, empresa, mafia o país, sin reparo de intenciones. Y no es malo el cotejo: con ese potencial, nadie ignora que Zuckerberg pueda manejar elecciones de representación popular, direccionar el pensamiento de la sociedad convirtiendo en objeto de culto lo que se le ponga en las narices, hacer y deshacer valores ideológicos y de conciencia. Al respecto es, quizás ya, la persona más influyente del mundo y no se descarta que aspire un día a la presidencia de los EEUU o, mejor, a gobernar el mundo, lo que es igual, pero no lo mismo.


A nadie extrañará que esos grandes periódicos vayan a la guerra contra Atila. Sorprende, quizá, que lo hagan con pólvora mojada. Cuando, en la línea de otros rotativos occidentales de importancia menguante sobre lo menguado, veo a El País aireando el nuevo libro que, contra Zuckerberg y las Redes, ha escrito la periodista norteamericana Jia Tolentino, no puedo ocultar una mueca de indiferencia. A la sombra de empresas periodísticas, fueron emporios capitalistas, heridos ahora con aquellas; organizaciones de influencia política, capillas de pensamiento con entrada restringida a los bendecidos; fueron “La Biblia”, y así se llegó a conocer en las esferas de poder de España al diario que cito, aunque vaya camino, como sus hermanos de otras latitudes, de ser simples “misales”.


Sé de lo que hablo y lamento su suerte, que se acelerará con el nuevo intento de convertir sus digitales en artículo de pago. Van a perder la guerra, momento idóneo para la autocrítica, que no querrán transitar. Por lo que a mí respecta, tendré que prescindir del desayuno; sin el periódico al lado de la mermelada, nada será lo mismo. Hay cosas en las que no me permito concesiones.


© Javier Figuero

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Foto: © facebook.com/Teo.Moreno.fotografo/

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