GRÂNDOLA, BELLA CIAO Y MÁS

El 25 de abril contamos un nuevo aniversario de la caída en 1974 de la dictadura en Portugal, consecuencia del levantamiento militar conocido como la Revolución de los Claveles. No olvidaremos el espectáculo de los días inmediatos en las calles de Lisboa, con los fusiles de los soldados rematados con esa flor, que la gente dejaba ahí espontáneamente. Tampoco las letras de la canción que la popularizaría por el mundo y nos dio tiempo a aprender: “Grándola, vila morena / Terra da fraternidade / O povo é quem mais ordena / Dentro de ti, ó cidade”.


Primer presidente de la Junta de Salvación Nacional con el golpe, conocí al general Spínola tras su huida en helicóptero desde Lisboa a la base aérea de Talavera la Real, en Badajoz, incapaz de controlar la deriva radical que pretendían imponer a la revolución otros mandos militares. Me recuerdo “en guardia permanente” un par de días con sus noches en el exterior de la Base, entre otros compañeros periodistas españoles y portugueses, a los que saludábamos con el Grândola, mientras Franco hacía aún de “lucecita de El Pardo”. António de Spínola había participado en el sitio de Leningrado con la División Azul junto a otros voluntarios portugueses, pero fue evolucionando hasta el Movimiento de las Fuerzas Armadas que cambió la suerte de su país. Nada es imposible en el genoma de la evolución humana.


El 25 de abril conmemora también el aniversario de la liberación de Italia de la dictadura de Mussolini por las tropas norteamericanas, ayuda definitiva para los partisanos. La canción Bella Ciao, que unió a la Resistencia, es ya un canto universal por la libertad. A mi me gusta especialmente la versión de Manu Chao que escuché por primera vez en París en casa de su padre, el periodista y escritor Ramon Chao, colaborador destacado de Triunfo que en su día me presentó en esa ciudad un libro publicado por la editorial francesa Fayard; un amigo más que cuento entre los desaparecidos.

Antes de la muerte de Franco, la Unión Militar Democrática fue un intento fallido de rendir la dictadura por la vía de su implantación, el golpismo, pero la organización clandestina no logró atraer a compañeros suficientes y acabaría por autodisolverse meses después de la muerte del tirano. Conocí al comandante Luis Otero, uno de sus impulsores y sentí su desaparición hace un par de años, apenas glosada en los medios. La dignificación de la UMD hubiera sido una buena oportunidad para hacerlo con las Fuerzas Armadas en su difícil adaptación a la democracia, pero el 23F y algunas actitudes posteriores de determinados mandos, jubilados o en activo, no favorecieron su comunión definitiva con el pueblo.


Concluyo. En beneficio de esa deseable comunión, quiero valorar la participación de las Fuerzas Armadas y de Seguridad en esta crisis del coronavirus y las palabras de la ministra de Defensa, Margarita Robles, en la clausura de esa morgue improvisada y escalofriante instalada temporalmente en el Palacio de Hielo de Madrid. Han estado con los muertos y en defensa de los vivos. Ya sé que algunas alimañas vuelven la espalda a su ayuda, pero es que los hay tan tontos que no se saben poner la barretina y se tapan con ella los ojos. Quizá en esta ocasión alguien haga una canción de homenaje a su servicio. No digo que sea el momento del “Grándola, vila morena” o de “Bella ciao”, pero conviene ir ensayando por si se consolida el afecto.


© Javier Figuero

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Foto: © facebook.com/Teo.Moreno.fotografo/

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