EL CONSULTORIO

Paula me pide amistad en Facebook. La acepto, no suelo negarla a nadie, aunque reconsidere las decisiones cuando apetezca. Educadamente, como no es habitual, me lo agradece por lo privado. “Soy yo quien lo hace”, respondo con esta exquisita delicadeza que aprendí en Eaton (he visto algunas películas en su ambiente). Me pregunta dónde vivo y eso me gusta menos, pero respondo con el nombre de la ciudad que me acomoda, porque soy un caballero, como aprendí a serlo en alguna otra película (extranjera, claro). “¿Edad?”, vuelve a la carga … “Para qué la encuesta?”, repregunto con brusquedad … “Perdón”, se disculpa, “no pretendía ofender” … “Eso no contesta a mi pregunta”, escribo impertinente… “Solo quiero tener amigos”, confiesa ante la exigencia… No me siento bien, intuyo en mi interlocutora un desvalimiento que me perturba. ¿O es la proyección de un simple temor, el de necesitar amistad un día de manera perentoria? Soy un insolidario, me han tendido la mano y la he rechazado, me pregunto si merezco vivir… No me respondo, estoy cansado de mi cinismo… Y lo nota, estas cosas se notan una barbaridad. Me manda una foto. Tiene una barba poblada. “Mi verdadero nombre es Luis Alberto”, escribe debajo…


“Hola”, irrumpe una tal Adelaida por privado a la que no tengo el gusto, “Tu que sabes de poesía, ¿qué opinas de esto que escribió mi hermanita menor?” … “Caminaría contigo para llenarme. / Para que morir sea pleno / solo contigo caminaría / porque contigo todo va de / maravilla” … Hablo de la escritura creativa como algo personal, un sentimiento que tiene formas distintas de expresión… En fin, de esas cosas. Decido hacerme eco de sus versos para darle una oportunidad. Un texto mío puede ser el espaldarazo para la hermanita menor de Adelaida: no me perdonaría que se perdiera una vocación.


Rocío se ha dado cuenta de que no soy un cantamañanas, de que, antes bien, soy el indicado para ayudarla. “¿Te puedo hacer una consulta personal, como hombre experimentado que serás en asuntos de amor?”, escribe… En fin, no creía que se me notaba tanto, hay asuntos que siempre he querido llevar con discreción… Tras años sin conocer varón en la intimidad, desde hace cinco Rocío vive en atracción con un tal Javier, pero solo han cruzado algunos besos. El parece temer al sexo y ella es católica. También es mujer y, desde largo tiempo, hace planes con un hombre casado para acostarse una sola vez, porque su credo no le permitiría romper un matrimonio. También estaba enamorada de otro tal Javier, que se murió. “¡Ah!”, suspira, “¡qué tendréis los Javieres!” … No sé qué decirle, el tema es peliagudo, tiene que poner remedio: “Vete a la cama con el primer hombre que se te cruce en el camino”, le digo, “lo necesitas como el comer” … “¡Qué coño, más que el comer!”, rectifico … A los dos días Rocío me deja una nueva nota: “Tras hablar del asunto, sentí verdaderas ganas de hacer algo … (esta vez, los puntos suspensivos son suyos) la sorpresa para mi fue que pensaba en ti y no en los otros dos hombres. Supongo que todo fue consecuencia de tu saber hacer o decir” … Reconocida su elocuencia, cualquiera se sentiría halagado. Yo también.


Lamento haber pasado por el periodismo sin firmar un consultorio periódico. No está entre mis referentes literarios, pero le habría dado el Nobel a la Szymborska solo por el Correo Literario, consultorio, mejor, que mantuvo un tiempo en una revista polaca. Quizá no todo esté perdido y pueda ocuparme un día de un Consultorio para ayudar a mis lectores y renovar mi candidatura a la gloria, nunca descartada. Se lo merecen todo. ¡Qué sería de mi sin ellos!

© Javier Figuero ( javierfiguero.com )

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Foto: © facebook.com/Teo.Moreno.fotografo/

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