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DEL KILOVATIO HORA

La tradición corrobora las últimas palabras de Goethe: “Luz, más luz, mucha más luz…”. Hoy se diría que el intelectual era un hombre rico; al costo que está la muerte en España (unos mil euros de media, según lectura reciente) y con el precio que alcanza ya el kilovatio/ hora, morir a plena luz sale por un pico. Por fortuna, no faltan opciones, siempre cara a equilibrar las cuentas, y con las mismas garantías en la fuente de propaganda. San Juan de la Cruz concluyó en versos impagables (contra los teóricos del capitalismo, hay cosas que no tienen precio) que la luz venía de Dios, lo que abre una posibilidad a los creyentes agobiados por la avaricia de las eléctricas: “Su claridad nunca es escurecida, / y sé que toda luz de ella es venida, / aunque es de noche”. Y aporto una tercera posibilidad, pues hay desconfiados que llegan a recelar hasta de los intelectuales y de los poetas, aunque santos. En carta dirigida a su hija, Einstein aseguró que “el amor es luz, dado que ilumina a quien da y recibe” y, chocho como estaba ya, hasta propuso adaptar a la soflama su famosa ecuación de la relatividad asegurando que la energía para salvar al mundo pudiera salir de multiplicar el amor por la velocidad de su uso al cuadrado. Sabios fueron… abríguese cada cual con el suyo. Confieso que lo hago con el científico: tuve una novia que me daba un calor extraordinario. Muchos años después de separarnos y, cuando nos vemos, todavía le agradezco que por aquel entonces me dejara conectarme a su corriente. Soy friolero, siempre he dejado las cosas claras.


© Javier Figuero ( javierfiguero.com )


Foto: © Teo Moreno (https://teomoreno.wixsite.com/fotografo)