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LA MANÍA QUE TENGO A GRETA THUNSBERG

No acabo de entender las razones por las que el cambio climático tiene tan mala prensa, solo porque puede acabar a corto plazo con nuestro planeta. Miro a un lado y otro del mismo, son paisajes surgido de un volcán inescrutable: Ahí los Papeles de Pandora, guía para la supervivencia vedada únicamente a los gilipollas. Es verdad que hay organismos internacionales que protegen a los países menesterosos de la ruina, verbigracia el Fondo Monetario Internacional, con una pléyade última de directores gerentes cuya visión alienta la confianza; el español Rodrigo Rato en la cárcel, el francés Strauss-Khan o la reencarnación del dios Príapo y la búlgara Gueorgieva a la que ahora se investiga por posibles malas prácticas. Queda el consuelo del alma escrito en el versículo de los Corintios que nos engatusa a los humanos como templos de Dios. En muchos más de doscientas mil capillitas (enfents de la patrie) han entrado impúdicamente los sacerdotes franceses de la Iglesia Católica en los últimos años, según investigación rigurosa que nos lleva de París, avanzadilla siempre de la moda, y no hay razones para pensar que en otras naciones se folle menos que en Francia; en España sin ir más lejos, aunque aquí hasta los ministros del cielo son muy machos y no les guste alardear con las conquistas. Todo esto para decir que, con tanto prostíbulo en derredor, empiezo a tomar manía a Greta Thunberg, aquella adolescente sueca empeñada en concienciarnos contra el deshielo de los polos. Vamos que, si no es porque acabo de ver un anuncio en televisión de “el Dioni”, el que robo el furgón millonario para irse de putas a Brasil, me iba ahora mismo hasta las grandes banquisas de la tierra con un mechero en las manos. No creo que las empresas de publicidad tengan problemas para encontrar mi teléfono. Yo también estoy todavía de buen ver. Abstenerse sacerdotes.


© Javier Figuero ( javierfiguero.com )

Foto: © Teo Moreno (https://teomoreno.wixsite.com/fotografo)