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MI AVATAR

Ando preocupado con la elección del avatar con que entraré en el Metaverso, la nueva red social que anuncia Mark Zuckerberg, consciente ya de que, tras 17 años de vida, esto de Facebook es antigualla. Allá se nos promete relacionarnos, espacios del arte, del saber y del entretenimiento y los apropiados para trabajar, hacer deporte y consumir. De las actividades que estáis pensando no se habla, pero, a salvo del cerebro (que nos lo pondrá la compañía), nuestro humanoide estará tan dotado como convengamos, pues el objetivo explícito es la felicidad, sin que valga la pena aclarar el implícito. Solo en el último trimestre, la antigualla ha ganado más de nueve mil millones de dólares, calderilla frente a lo que presupuesta el puto amo, que no conoce el desaliento. Las últimas semanas han revelado que el invento que nos involucra (a ti que me lees, a mí que te escribo y a otros tres mil millones de usuarios) afecta a la salud mental de los adolescentes, alimenta el odio en los usuarios, desestabiliza escenarios políticos, tolera incitaciones al genocidio y ofrece escenarios confortables para el crimen organizado. Todo es mejorable, en el Metaverso, tú que me lees, yo que te escribo y los miles de millones de usuarios que allí confluiremos, seremos la misma basura que ahora, aunque más hedionda. Y este es el asunto, pues, por mi parte, trataré de disimularlo en lo que pueda, de ahí que ande preocupado con el avatar que me represente: ¿ojos azules, vaqueros rotos, languidez de poeta, marcar paquete…? Todo menos aparecer con esa espantosa camiseta con que Zuckerberg se vuelve a enseñar en su primicia del Metaverso, me niego a ser el gilipollas que va por la vida imitando a los próceres… Por cierto, “gilipollas”, esto es lo que le llama una chica a Mark al comienzo de la película La red social, razón por la cual se va a su habitación de Harvard a inventar Facebook. Siempre he pensado que las mujeres de mi vida no me motivaron lo bastante. De otra manera, no sé a dónde hubiera podido llegar.



© Javier Figuero ( javierfiguero.com )

Foto: © Adán Pucel