Colaboraciones externas

Detrás del obturador estaba la magia

de Teo Moreno

Mi afición a la fotografía empezó el día de mi primera comunión en Valladolid, ciudad de nacimiento. Las instantáneas que tomó un familiar con su rudimentaria cámara de época me hablaron de un mundo mágico que siempre querría visitar; quizá, habitar; desde luego, soñar… Era adolescente cuando, sin explicación al hecho, me recuerdo con una máquina de funda dura en las manos, objeto hoy de coleccionismo, con la que impresioné un primer carrete, osadía compensada con la primera frustración en el oficio. No podía ser de otra manera: ISO 100, diafragma 11, velocidad 125 y yo por bajo, incluso, de las limitadísimas características técnicas que cuento. Sin medios económicos para formarme con rigor, ensayé a partir de entonces como autodidacta en acontecimientos familiares con los dispositivos que cayeron en mis manos. “Mira esta qué bonita”, decía inevitablemente alguno de mis próximos al ver el trabajo positivado. ¡Esa sí era una verdadera recompensa!.. 

                  

                   Ya en Madrid asistí a cursos que ofrecían los ayuntamientos de la Comunidad. Empecé a “hacer bodas y comuniones” en los restaurantes del Pardo con la máquina que me facilitó el fotógrafo que contrataba los establecimientos y me subcontrataba a mí para poder atenderlos. Compré una Nikon F6, primer modelo de la marca con obturador de titanio y velocidad de apertura de hasta 4000 décimas de segundo. ¡Inolvidable!.. Sobre todo porque me la robaron… Prescindí de las bodas… con el latrocinio dejé de creer en el amor... Entre humanos, digo; la fotografía no estaba en cuestión, recuerden que empecé hablando de “magia” y ese era término que seguiría asociando con la actividad… Apareció un profesional con estudio propio para imagen de producto y retrato en busca de ayudante. Compré una Hasselblad… De segunda mano, eso sí, pero una Hasselblad, nada menos… Comprenderán que no podía decepcionar a una marca como la sueca, todo un mito entre los aficionados… Me esforcé por aprender y pronto fui yo el profesor en algunos de aquellos cursos de los ayuntamientos. Eran los años 80, especialmente dinámicos en Madrid. Una época que me congracia con el pasado…

 

                   La crisis de principios de los 90 acabó con muchas cosas importantes. Por merma de clientes, el estudió al que me referí también echó el cierre; los ayuntamientos redujeron su oferta formativa con el pretexto de que escaseaba el alumnado. Vendí la Hasselblad… Además, empezaba la era digital. Ya no eras nadie sin cámara apropiada, ordenador, Internet, programas… Una considerable inversión y un nuevo esfuerzo para  manejar lo nuevo, pues, sin posproducción, las fotos nada valían. Llegaron los cursos online, casi todos en inglés, lo que nos cogía a muchos con el pie cambiado. Me sentí superado y me fui a vivir al campo para asimilar todo aquello con cierta pausa. Al fin y al cabo, siempre me consideré un hippy tardío. Un hippy que seguía asociando la magia con la fotografía, eso no podía ser de otra manera.

 

         Los programas de retoque no cabían en los CD y se inventó el DVD y surgieron programas gratuitos. En un ordenador de segunda mano que me preparó un amigo empecé con el Gimp y ensayé con una cámara Olympus de bolsillo de 7 megapixel. En realidad, cada tres meses salía una igual con 1 Mp más. Cuando ya no cabían más megapixel en los pequeños sensores, las nuevas cámaras réflex que ofreció el mercado evidenciaban que la calidad no reposaba en los mega sino en el tamaño y calidad del sensor. Las marcas digitales competían en calidad frente a las analógicas y los programas y ordenadores se hicieron más asequibles y potentes para mover con agilidad las resoluciones exigidas. Hoy mi cámara tiene 36 Mp y pesa mucho más que la primera.

 

         Moví mi residencia a Cantabria por la oportunidad de estudiar photoshop y los programas y pluging de 3d para imagen fija que fuera capaz de alcanzar. Me propuse hacer una revisión fotográfica de España que superara también sus fronteras y cuyo límite marcaría solo mi condición física. Y entre los viajes rendidos al propósito, me adentré en los campos de las ilustraciones  gráficas y vídeos.

 

         No negaré que viví en una etapa de ansiedad con el obturador en continua posición de disparo, pero, a  día de hoy, los viajes profesionales ya no son para “disparar a todo lo que se mueva” sin preguntarme el por qué. Ahora se motivan con un estudio previo que alcanza a la realidad del arte arquitectónico, pictórico o escultórico de las zonas de destino, como de su historia y otros aspectos sociales, la gastronomía o las costumbres. Entonces, recorría tres localidades en un día y ahora he invertido el guarismo y paso no menos de tres días en una misma localidad. Con ello he ganado como persona y pienso que el resultado de los trabajos está en consonancia. En la fase de postproducción paso el tiempo necesario antes de colgarlas en Alamy, Getty o Shutterstock, grandes agencias internacionales en el negocio de la difusión.  Las firmas exigen, y yo me exijo también. Quieren una definición precisa y términos e historias en inglés que las expliquen, un reto casi impensable para mí hace tan solo una década.

 

         Pero vivo el tiempo en que escribo estas líneas y, en la que me ocupo, me da por preguntarme si la propia vida existe para mí al margen de la fotografía, porque lo cierto es que la totaliza. Tengo Facebook y Página de Facebook, Blog, Página Web, más de 7.000 fotos en las plataformas online, instantáneas Photocrowd, 500px, Instagram… ¿Adicción, enfermedad…?. No sé… Introducido en este mundo, me resultaría prácticamente imposible evitarlo… El café del desayuno llega a mi mesa mientras arranca el ordenador y lo consumo mirando las fotos del día anterior para analizar una posible mejora, replantear su validez o cuestionar nuevas tomas desde planteamientos técnicos diferentes. Entre sorbos decido la plataforma de destino e imagino, busco o aplazo itinerarios, investigo cursos en YouTube o me desafío con ilustraciones diferentes.

 

         No recomiendo el comportamiento, que cada cual incida en el suyo a su propio riesgo. Yo solo aviso; sin afán de moralizar, por supuesto. Si andan mi camino, las personas de su alrededor las tomaran a menudo por locas, les aconsejaran que cambien su chip y que salgan a la calle a divertirse. Cuando es a mí a quien imprecan con tales diatribas, les contesto que me paso auténticas juergas cada día, que  el disfrute en ellos lo tengo asegurado, que acaricio un nuevo proyecto que me llevará a tal o cual sitio; sitio que podrían, por supuesto, visitar también, pero de otra manera, no de mi manera. Les digo que esa misma tarde haré alguna ilustración con el nuevo plugin descubierto para tal o cual programa. Les diré que tras cinco primeros premios conseguidos en certámenes fotográficos, tengo inquietudes constantes, metas a cumplir que abordaré, si lo que es ajeno a la voluntad me lo permite. Les diré que no imagino otra forma de estar en el mundo fuera del territorio que de niño, tras las fotos que tomó un familiar en mi primera comunión, identifiqué como el auténtico territorio de la magia.

Detrás del obturador estaba la magia. foto collage de Teodosio Moreno
  • Facebook Classic
  • Twitter Classic

¡SÍGUEME! 

© 2023 por Samanta Jones. Creado coh Wix.com